Venezuela y la resistencia de su pueblo socialista

Actualizado: 15 de dic de 2019

Por: Endel Pernía


Todos los días en los medios de comunicación se trasmiten noticias falsas sobre Venezuela. Toda esa información mal intencionada forma parte de una guerra de cuarta generación que tiene algunos objetivos no declarados: encubrir la intención de robar al pueblo venezolano cuantiosas reservas de recursos naturales (entre ellas las reservas de petróleo más grandes del mundo); restituir la hegemonía económica y política de los Estados Unidos en América Latina (cuyo mercado está perdiendo ante China); y terminar con el ejemplo y la ilusión de que en un país del sur global se pueda construir un sistema económico solidario, humano y ecológico capaz de reemplazar al capitalismo depredador.


Trump, un presidente que ganó las elecciones con menos votos que su contrincante, pretende llamar dictadura a una revolución que en 20 años ha tenido 22 procesos electorales, y calificar como presidente ilegitimo a Maduro, que fue electo por más de 6 millones de votos en el mismo procedimiento e instituciones democráticas que permitieron al diputado Guaidó ganar su puesto en la Asamblea Nacional. Sin embargo, Trump reconoce como legítimo Jefe de Estado en Venezuela al mencionado diputado, que se autoproclamó como presidente en una plaza pública y sin elección alguna.


La verdad es que a Trump no le importa la democracia o la crisis económica de Venezuela, o el nivel de pobreza de su pueblo, lo que le importa es apoderarse de sus recursos naturales y eliminar la viabilidad de los gobiernos progresistas como una opción en la región. Tampoco es el primero en intentar acciones de este tipo contra Venezuela, el imperialismo norteamericano ha intentado derrocar a la Revolución Bolivariana de todas las formas posibles durante los últimos 20 años, pero ha chocado con la firme decisión de la mayoría del pueblo venezolano de apoyar la soberanía y la idea de construir una sociedad socialista. Esta obstinada resistencia del pueblo venezolano se debe a que aún está fresco el recuerdo de cómo era la Venezuela anterior a Chávez, aquella que agradaba a EEUU, la que en 1989, como saldo de la represión de las protestas frente al neoliberalismo sufrió 3000 muertos en las calles de Caracas, de cuyos asesinatos ningún medio de comunicación global informó. Esa misma Venezuela que tenía más de dos millones de personas analfabetas; donde el 30% de los niños no concluía la escuela primaria, sólo el 44% de sus jóvenes iba al bachillerato; donde la tasa bruta universitaria era del 23%; el 50% de su población se encontraba en situación de pobreza; y siendo el tercer país más desigual del mundo y con una de las tasas más elevadas de mortalidad infantil de la región.



La mayoría del pueblo venezolano también recuerda los 15 primeros años de la Revolución, en la que se avanzó en todas las áreas, logrando por ejemplo reducir la pobreza del 50% al 27,2%; la desigualdad del 0,48 a 0,40; Venezuela se convirtió en el país de América Latina y del Caribe más avanzado en la erradicación del hambre: la tasa de desnutrición se redujo desde un 21% a 3%. En educación, se terminó con el analfabetismo en el año 2005, también se logró que todos los niños y niñas de 7 a 12 años asistieran a la escuela primaria y la educación secundaria incrementó su tasa hasta un 76%; al tiempo que en educación superior, aumentó hasta un 78% la tasa bruta de

matrícula universitaria. Es decir, la mayoría de personas aún recuerda que con la Revolución llegó, a las mayorías excluidas del país, el primer médico, la primera escuela, el primer consumo de proteína todos los días de la semana, el acceso a servicios básicos, la vivienda, pero sobre sobre todo, la valoración de la democracia, la conciencia nacional de que los venezolanos mismos podían resolver sus problemas, y con ello la autoestima de ser venezolano y de hablar de igual a igual con el mundo entero.


El pueblo revolucionario, que hoy sufre numerosas dificultades, sabe que desde la muerte del presidente Chávez en 2013, la Revolución vio desacelerado el ritmo de sus avances, e inclusive algunos buenos indicadores retrocedieron, pero estamos conscientes de los grandes esfuerzos del gobierno de Nicolás Maduro para solventar estas dificultades. La complejidad de la situación no se debe a lo desgastado del proyecto socialista o a la falta de voluntad del pueblo, sino más bien a una bajada abrupta de los precios del petróleo durante cuatro años, ocasionando la pérdida de hasta el 70% de las divisas que ingresaban en el país. De forma conjunta, se ha ido produciendo la mayor ofensiva del imperialismo norteamericano en Venezuela, que repite la misma receta de estrangulamiento económico y violencia política que años antes aplicó al Chile de Allende, que lleva decenas de años aplicando a Cuba, y se recrudece ahora en Nicaragua. Las acciones de EEUU han ocasionado en Venezuela pérdidas anuales de alrededor de 23 mil millones, sin contar una enorme inflación después de tomar como rehén a la moneda venezolana, con el fin acabar con la capacidad de consumo de la población y destruir su fe en el proyecto socialista.


La estrategia de EEUU en Venezuela para lograr una posición hegemónica, no consiste en que la oposición gane unas elecciones libres, el objetivo es matar al pueblo de hambre y rendirlo como los nazis pretendían rendir a Leningrado en la II Guerra Mundial. El Presidente Trump, secundado por países que él maneja a su antojo, pretende mentirle al mundo de nuevo diciendo que él debe “salvar” al pueblo de Venezuela, como sus predecesores salvaron a Irak, Libia, Siria o Afganistán. Sabemos que “salvar”, implica provocar un baño de sangre y que “devolver” la prosperidad, supone robar al pueblo su petróleo y sus empresas.


Hoy, las personas que estamos en contra de cualquier forma de genocidio y a favor de la democracia, queremos defender a la Venezuela revolucionaria, haciendo todos los esfuerzos para parar la guerra, el golpe de estado y el bloqueo económico.

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