¿Para qué sirve la política? Reflexiones weberianas desde Huancabamba
- Rufino Pariacaca
- 5 dic 2025
- 4 Min. de lectura

Recomiendo leer a este maestro de la Ciencia Política por lo menos dar una leída a los textos que he usado aquí para crear este texto. En Huancabamba vivimos una paradoja dolorosa: todos hablan de política, pero casi nadie la respeta. Los candidatos prometen, los ciudadanos desconfían, y la sensación común es que estamos atrapados en un ciclo donde el poder sirve más para exhibirse que para transformar. Sin embargo, más de cien años antes, Max Weber ya había descrito con exactitud quirúrgica el tipo de política que hoy vemos en nuestra provincia, una política sin vocación, sin ética, sin responsabilidad. Una política que, en lugar de elevar a la gente, la decepciona.
Weber, en La política como vocación, dice que el político auténtico es aquel que combina pasión, responsabilidad y mesura. Pero aquí solemos ver lo contrario, candidatos que confunden pasión con griterío, responsabilidad con conveniencia y mesura con miedo. No gobiernan con convicción, sino con cálculo; no administran, regatean; no conducen, improvisan. Y cuando una autoridad improvisa, un pueblo entero sufre las consecuencias.
Weber advierte que existen dos maneras de relacionarse con el poder; vivir “para” la política o vivir “de” la política. ¿Qué domina en Huancabamba? Basta mirar alrededor. Demasiados candidatos llegan sin proyecto, sin preparación, sin sustento económico propio. Llegan con la esperanza de poner orden en su propia vida antes que en la de la comunidad. Y ahí empieza el derrumbe moral, el cargo se convierte en ingreso, en salvavidas, en oportunidad de “recuperar la inversión”. No hace falta ser cínico para ver lo que eso produce: corrupción estructural, favores, contratos a dedo, “hermanitos”, compras infladas, obras mal hechas. No porque seamos peores que otros lugares, sino porque el sistema local empuja a muchos a sobrevivir del Estado.
Weber lo dijo sin adornos: quien no tiene independencia económica encuentra muy difícil resistir las tentaciones del cargo. No es elitismo, es sociología pura. Y en Huancabamba hemos normalizado que los candidatos no tengan trayectoria profesional sólida, ni experiencia de gestión, ni oficio claro. Nos acostumbramos a votar por el “conocido”, el “simpático”, el “buena gente”, el que invita cerveza en campaña. Luego nos quejamos del resultado.
Pero Weber también plantea algo más profundo, desde Economía y sociedad: el poder político solo se sostiene si es legítimo. Y la legitimidad no se hereda ni se compra; se gana. Las autoridades pierden legitimidad cuando se encierran en la municipalidad, cuando no escuchan, cuando gobiernan para su círculo y no para su gente. Huancabamba está cansada de autoridades que se olvidan de los temas vitales: agua, caminos, salud, educación. ¿Cómo confiar en un liderazgo que ni siquiera pisa los caseríos donde vive la mayoría de la población?
La pérdida de legitimidad no es abstracta; tiene rostro: madres que cargan agua desde acequias, agricultores que sacan su producción en carreteras imposibles, jóvenes que no encuentran oportunidades, comunidades que esperan años para que se cumpla una promesa mínima. Cuando las autoridades abandonan la realidad, la ciudadanía abandona la política. Y cuando la ciudadanía abandona la política, gana la mediocridad.
Aquí está la parte emocional porque Weber también es emocional, aunque lo disimule; la política no es una técnica, es una promesa ética. Quien asume un cargo público asume una carga moral enorme. Weber dice que la política exige carácter porque trae consigo un poder que puede destruir o dignificar. Y Huancabamba necesita urgente a gente que dignifique.
Necesitamos políticos con columna vertebral. No gente que se quiebre ante el primer interés, ni que gobierne mirando por encima del hombro, ni que tenga miedo de enfrentar mafias locales o presiones de grupos económicos. Necesitamos políticos que puedan sostener la mirada del pueblo sin bajar la cabeza, que puedan dormir tranquilos, que puedan rendir cuentas sin temblar.
Y también necesitamos ciudadanos que dejen de aplaudir mediocres. Weber decía que una sociedad que exige poco recibe poco. Y aquí, a veces, exigimos casi nada. Aceptamos regalos en campaña, aplaudimos discursos vacíos, normalizamos la mentira. Así convertimos la política en un espectáculo y al político en un actor. Mientras tanto, la vida real sigue igual: postas sin medicinas, caminos abandonados, gestiones sin rumbo.
¿Qué hacer? No se trata de pedir héroes ni santos, Weber odiaba esa idea, sino de exigir vocación. La política es para quien puede soportar la presión, decidir con responsabilidad, actuar con principios. No para improvisados. No para oportunistas. No para quienes solo buscan un sueldo.
Huancabamba merece líderes que comprendan que gobernar es, como decía Weber, “la lenta perforación de tablas duras”, trabajo constante, duro, sin espectáculo, sin aplausos fáciles. Y merece ciudadanos que tengan el coraje de exigir ese tipo de liderazgo.
La política local puede cambiar. Pero solo si empezamos a entender, de una vez, lo que Weber nos dijo hace más de un siglo," el poder sin ética es destrucción, y la vocación sin carácter es solo un discurso bonito".
Referencias
Weber, Max. La política como vocación.
Weber, Max. Economía y sociedad.



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