Conmoción social
- Jaime Chuchuca Serrano
- 13 nov 2021
- 2 Min. de lectura

El debate parlamentario ecuatoriano encabezado por el correĆsmo, sobre la destitución presidencial, se basa en la āgrave crisis polĆtica y conmoción internaā (Art. 130 de la Constitución). Otras bancadas como el PSC y PK estĆ”n en contra de la calificación de existencia de crisis polĆtica o conmoción interna, han dicho que el Ecuador necesita estabilidad y la conservación del rĆ©gimen de derecho. CREO y Lasso se han victimizado y continuan con el discurso del golpismo. Al margen de este debate, sobre la destitución o la muerte cruzada, -que a propósito la inició el mismo presidente-, aquĆ me interesa resaltar el concepto de conmoción.
La definición polĆtica y jurĆdica de conmoción se refiere a los casos graves de perturbación del orden pĆŗblico, catĆ”strofes naturales, calamidades pĆŗblicas, conflictos armados, que atentan a la estabilidad y seguridad del Estado, de las personas, a la convivencia ciudadana y al sistema de los derechos humanos; y que no puede contenerse con las facultades de la presidencia, ministros, fuerzas armadas, policĆa, asambleas o congresos nacionales (Art. 213 de la Const. de Colombia, Art. 262 de la Const. Rep. Dom., Art. 338 de la Const. de Ven., Art. 164 de la Const. del Ecuador). De esta situación, las constituciones latinoamericanas han desagregado los llamados Estados de Excepción, una herencia de la institución romana de dictadura.
En Ecuador existe un conflicto armado que he denominado la guerra por la cocaĆna. SerĆa actuar con malicia o ingenuidad, al tratar el grave problema del narcotrĆ”fico, las matanzas en las cĆ”rceles, los cientos de asesinatos tipo sicariato, como un problema comĆŗn y corriente. Es mĆ”s, la normalización de estos sucesos sangrientos es el efecto del descontrol total y la incapacidad estatal para enfrentar el conflicto de la droga, como nos lo demuestran históricamente los casos de PerĆŗ, Colombia, MĆ©xico y otros. Cuando un Estado o una sociedad empieza a tomar como normales las batallas en las cĆ”rceles o los asesinatos, es prueba que estos van perdiendo la guerra.
La guerra por la cocaĆna ha causado conmoción social, ha perturbado con gravedad el orden pĆŗblico, ha causado calamidades familiares y pĆŗblicas insubsanables, conflictos armados y territoriales; hay completa inestabilidad e inseguridad en las cĆ”rceles y en varias provincias del paĆs; la convivencia ciudadana ha sido trastornada y el sistema de derechos humanos quebrantado. Existe una grave conmoción interna en Ecuador, como parte del proyecto narcodelictivo internacional, y la presidencia, las fuerzas armadas, la policĆa y la Asamblea se han convertido en generadores de opinión (y algunos individuos en cómplices delictivos), pero no en reales contendientes. No hay Estado de Excepción que valga, porque el narco es la excepción a todo derecho. No cerremos los ojos ante la cruda realidad, la sociedad civil y la polĆtica pĆŗblica tiene que empezar la crĆtica y la acción por las raĆces mismas.
