40 razones para no votar por Guillermo Lasso


Desde las últimas elecciones presidenciales de Ecuador, me propuse escribir día a día, alguna razón argumentada por la cual considero que el candidato Guillermo Lasso es la peor de las opciones en medio de esta contienda electoral. Esto, convencido, por un lado, que las luchas se hacen desde las ideas fundamentadas y no desde las mentiras, descalificaciones e insultos; y por otro, que somos enteramente políticos por el simple hecho de ser, seres humanos. Les comparto a continuación el resultado después de los 40 días que separaron unas elecciones de otras. Sin lugar a dudas, existen más opciones, y cada uno tendrá sus razones para votar por un candidato u otro, e incluso por el nulo o el blanco. El mensaje de fondo es, sin embargo, que no votemos sin reflexión, pues aunque la democracia no se agota en una papeleta, gran parte del destino de nuestro país, dependerá de ello.


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La política orientada a la privatización, usualmente tiene un efecto directo sobre la población, mismo que se siente dependiendo del grupo al que se pertenezca. Es muy probable que las clases más pudientes se enriquezcan más, pues serán las que privaticen, mientras que las clases medias y bajas, deberán pagar por lo que ahora no pagan, por ejemplo, la educación o la salud. La privatización consiste en desatender ciertos sectores que pueden considerarse prioritarios para que los atiendan grupos privados, valga decir con ánimo de lucro. Desde esta mirada, cuestiones como la educación son vistas como servicios, y no como derechos, y por lo tanto solo benefician al mejor postor.

2

En una economía capitalista algunas personas son dueñas de los medios de producción, mientras otras son explotadas al poseer la fuerza de su trabajo. Es decir, en una empresa, el empresario contrata la fuerza laboral de muchas personas para pagarles sueldos de miseria mientras aquellos le producen grandes regalías. Cuando Guillermo Lasso habla de la generación de un millón de empleos, no se refiere a que deben existir un millón de emprendedores sino a qué es posible facilitar el marco legal y laboral para la explotación y el consecuente enriquecimiento de unos pocos, mientras sí, probablemente, un millón de personas pueden ser contratadas, en el mejor de los casos, percibiendo el sueldo básico y con mínimos beneficios. En consecuencia, lo que Lasso busca no es generar empleo sino multiplicar los esclavos del siglo XXI.

3

Detrás de la idea de reducción del Estado (y lo público), está la idea de amplificación del ámbito privado. Esto tiene relación directa con la soberanía de los territorios pues determina, en muchos casos, la naturaleza de las decisiones. Es bien sabido, por ejemplo, que el banco mundial para apoyar a un país define una serie de condiciones, de la manera en que lo hacen las grandes corporaciones. De ahí la necesidad de bajar los impuestos que no les benefician. No se trata entonces de una reducción del Estado, solamente, sino de ofrecer el país a un "dueño" que define lo qué hay que hacer o no, con la amenaza de dejarnos en la quiebra.

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Efectivamente, y tal como lo comparten por ahí desesperadamente los militantes de CREO, Lasso no tuvo relación directa con el feriado bancario, pues él no era Ministro de Mahuad en el momento del mismo. Sin embargo, eso no significa que no haya tenido nada que ver. De hecho quiero señalar aquí algunos puntos que nos recuerden la historia, que a veces olvidamos:

a) Lasso no fue responsable directo del feriado, pero sí indirecto. La responsabilidad del mismo no es exclusiva del Estado, sino de la banca, misma a la que Lasso ha estado vinculado casi toda su vida. El feriado no corresponde solo a Mahuad sino a quienes dirigían los principales bancos del país en ese momento.

2) Lasso financió la campaña de Mahuad, razón por la cual, él lo nombró Gobernador del Guayas. No llegó ahí por ser un bachiller ilustre, sino por haber entregado dinero para que Mahuad llegue al poder. Por supuesto, el marco jurídico creado por Mahuad, que posibilitó el feriado bancario, es el resultado de la presión de una banca a la cual él le debía favores. Mahuad no era Ministro, pero seguía siendo banquero.

3) Lo más importante viene después del feriado, pues ahí sí, siendo él Superministro facilitó otro marco legal en el cual él pudo enriquecerse a costa de la desgracia de los ecuatorianos. Concretamente comprando los bonos de deuda a los ciudadanos, por un valor significativamente menor al real, para luego él venderle a la AGD al valor total del mismo. En otras palabras negoció con la desesperación de la gente, pagándoles una miseria y enriqueciéndose aún más. Todo ello en el marco de la ley, que él mismo fue motivando, y que no le importaría modificar nuevamente a su favor.

5

Las políticas de privatización son claras. En general, las mismas afectan a casi todas las facetas de la vida de las personas. Por ejemplo, si se quiere estudiar es necesario pagar para hacerlo bajo la premisa de "si es bueno debe ser costoso". Si se necesita salud, hay que pagar por ella, tanto por la atención como por las medicinas. Si se quiere buena infraestructura vial hay que pagar peajes por movilizarse. La pregunta es si todos tienen las posibilidades e ingresos para pagar por todo, en un mundo en que lo privado representa una forma de exclusión. Unos pocos se enriquecen y la gran mayoría de las personas pagan ese enriquecimiento. Tras la idea privatizadora del Estado se oculta la cara más sucia del neoliberalismo, aquella que quiebra la justicia social, concepto que Lasso pareciera desconocer.

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Durante su campaña Lasso prometió eliminar 14 impuestos, frente a lo cual hay dos reflexiones necesarias. La primera es que la mayoría de esos impuestos solo benefician a un sector de la población, por supuesto a quienes tienen más ingresos rompiendo de plano con el principio de quien más gana más paga. Por supuesto Lasso al ser de derecha jamás estaría de acuerdo con ello y su afán será beneficiar a los de su clase. Lo segundo es qué hay una consecuencia directa de esta política pues de algún lugar hay que obtener el dinero para financiar el país. Lo más lógico es que Lasso utilice la fórmula conocida de los gobiernos de derecha, es decir, aumentar el costo de todos los servicios básicos. Un giro de esta naturaleza implica un inminente paquetazo ¿estamos dispuestos a pagarlo?

7

Reducir el Estado significa favorecer a un grupo concreto de personas, aquellas que tienen capacidad para privatizar los espacios de los que antes este se ocupaba. Entonces, la reducción del Estado la pagan la mayoría de los ecuatorianos al prescindir de instituciones y personas dedicadas a tareas concretas. La pregunta que cabe aquí es si la privatización puede suplir todos los aspectos de los cuales se preocupa el Estado en su conjunto ya que Lasso ha manifestado que lo reducirá a la mitad. Si es así, alguien tendría que demostrar que la empresa privada en algún punto de la historia ha otorgado 20000 becas, o que ha construido escuelas y hospitales (sin fines de lucro). Lasso pone lo privado en un pedestal pero es importante reflexionar sobre los límites que tiene esta política y bajo qué intereses se guía.

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En la lógica de la privatización también se privatiza la verdad. Lasso ha manifestado en varias ocasiones que quiere que su principal aliado sean los medios de comunicación, lo que en realidad significa que quiere medios que le favorezcan, y que sean capaces de transmitir discursos afines a su política sin importar lo negativas y perjudiciales que estas puedan ser; por supuesto, eliminando de plano la posibilidad de contrastar información y de tener libre voz desde lo público y lo alternativo. De hecho, la misma campaña de Lasso ha sido una muestra del poder que quiere tener sobre los medios buscando a toda costa contentarlos con aquello que les exige un poco de criterio en la información que proporcionan. ¿Acaso no les prometió, por ejemplo, eliminar la Ley de Comunicación? En el juego de intereses vale cuestionarse sobre qué políticas se implementan para favorecer a grupos de poder, en contraste con las posibles políticas sociales.

9

Lasso ha manifestado que Ecuador no tiene salarios "competitivos" que atraigan la inversión extranjera. Frente a ello valga decir en primer lugar que la inversión a la que alude es la privada y en segundo lugar que la idea de competitividad del banquero es la más clásica del capitalismo. Esta competencia no beneficia en absoluto a las personas sino a las empresas y a los inversionistas, grandes millonarios que solo invierten donde el ambiente les permite ganar más. Por ello cuando Lasso habla de competitividad lo que en realidad está diciendo es que hay que bajar los sueldos de las personas y además sus beneficios (como el seguro social) al tiempo que baja los impuestos para estas grandes empresas. Alguien decía por ahí que eso es lo que necesita ahora el Ecuador, pero en realidad ningún país necesita crear las condiciones para el enriquecimiento de unos pocos, en perjuicio de la gran mayoría.

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La idea de eliminar la Senescyt refleja, tanto el desconocimiento del candidato en torno a política pública y a Educación Superior, como la poca importancia que tendría un aspecto tan importante como es la educación en el país. Lasso desconoce avances en ciencia, innovación, Institutos, oferta, democratización del acceso, entre otros y reduce una institución a un examen y al otorgamiento de becas. Lasso tendría que explicar qué institución se hará cargo de las tareas que hoy tiene esta cartera de Estado y también cómo asegurará el ingreso de todos los bachilleres a las universidades e institutos cuando necesitaría el doble de instituciones educativas para hacerlo. Se trata en realidad de demagogia pura aprovechando discursos falsos que circulan y que se caen con una mínima reflexión. Alguno de sus asambleístas decía que lo que se ahorre sin Senescyt irá a créditos educativos. Al parecer Lasso quiere convertir el país en un gran banco en el que no existan derechos, y la educación sea solo un buen negocio.


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Cuando Lasso manifiesta su intención de eliminar la Senescyt lo hace impulsado por el falso discurso de que el examen de ingreso a las universidades excluye personas, y además que es el Estado quien determina la carrera para quienes aplican. El desconocimiento de Lasso de la realidad del país y de la Educación Superior hacen que replique estas ideas cuando en realidad el examen de acceso ha permitido democratizar el ingreso a la Educación Superior, y hasta el momento no existe un solo caso en que el Estado le haya dicho a alguna persona qué es lo que tiene que estudiar. Basado en su ignorancia quiere eliminar instituciones y dejar sin trabajo a un gran número de personas que él considera burócratas sin oficio. Si el criterio de Lasso es deshacerse de las instituciones que no comprende, no quiero imaginar qué pasará con todas aquellas que gestionan aspectos de justicia social. Lamentablemente no es de extrañarse que si gana Lasso la única alternativa para un gran número de personas sea convertirse en cajeros del Banco de Guayaquil.

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Tras la idea del millón de empleos, mantra del candidato que hasta ahora no puede explicar, se encuentra oculta la idea de proliferación de empresas privadas. Lasso mismo ha manifestado que quienes crean empleo son únicamente quienes abren negocios, por lo que la función del Estado es básicamente facilitar la creación de dichas empresas e impulsar la inversión privada. Desde esta premisa surge la pregunta: ¿cuántas empresas privadas es necesario crear para generar 685 empleos diarios? Digamos que una empresa pequeña inicia desde el primer momento con unos 14 o 15 trabajadores. Siendo así, se requeriría crear 2 empresas cada hora durante los siguientes años, sin siquiera dormir ¿es esto posible? ¿Más aún cuando el mismo banquero ha dicho que reducirá las instituciones del Estado (que sí dan un montón de empleo) a la mitad? La propuesta no solo es demagógica, sino que en su mente es absolutamente perversa, ya que su idea de trabajo es que existan empleados, mano de obra barata, lejos de la revalorización que se puede hacer de aquel acto revolucionario que implica trabajar.

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La eliminación de 14 impuestos entre los que se cuentan: IVA, salida de divisas, salvaguardas, renta, propiedad de vehículos, contaminación, activos en el exterior, herencias y otros más, tiene dos particularidades: La primera es que la mayoría de estos impuestos están orientados a captar ingresos de aquellos que más ganan, grupo en el que se ubica el banquero Lasso, y la segunda, es que se calcula que dichos impuestos recaudan 3688,7 millones de dólares del presupuesto estatal. Para hacernos una idea hay que saber que la inversión en educación, por ejemplo, es de 4742 millones, y en Salud 2469 millones. Es decir, Lasso quiere quitar de un solo porrazo el equivalente al 80% de inversión educativa y el 150% de inversión en Salud. Sin embargo aparece diciendo que las va a mejorar. Entonces ¿de donde va a sacar el dinero? Necesariamente con esta política que beneficia solo a las clases pudientes, algunos campos quedarán desatendidos o bien subirán los diferentes servicios básicos (lo cual sí afectará a la mayoría) como lo hemos visto en la tierra hermana Argentina con su homónimo ideológico Mauricio Macri.

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Volviendo al tema de los impuestos un dato interesante que explica la motivación de Lasso de eliminar o reducir algunos de ellos: Lasso tributó como impuesto a la Renta en el año 2006, un total de 28,229; para el 2014 ese tributo ascendió a 5.270,000. No se trata de que Lasso ha logrado mejorar sus ingresos gracias a su esfuerzo y su "trabajo sin descanso" en un equivalente a 187 veces, sino a que el país ha mejorado en eficiencia de recaudación y en justicia. Alguien que ahora debe tributar un alto porcentaje para el país porque tiene un sueldo aproximado de 77000 dólares por supuesto que estará en contra de los impuestos, cuestión qué resulta imperceptible para la mayoría de los ecuatorianos, a quienes ahora él quiere cobrar esos valores.

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No se trata únicamente de la reducción o eliminación de impuestos. Se trata de cómo se establece jurídicamente un marco legal para favorecer a un determinado grupo de personas, que son, en la actualidad, quienes tienen el poder adquisitivo suficiente como para sentirse perjudicados por dichos impuestos. Lasso no es la excepción, ya que en su vida de banquero ha aprendido muy bien a tener el dinero en lugares en los que no paga impuestos, como son los paraísos fiscales. No se trata de la legalidad o no de los mismos, pues precisamente esa legalidad es la que crean los grupos de poder, sino además de la ética con la que se quiere gobernar un país, cuando tu intención es no aportar para su crecimiento. No es de extrañarse que, de ser el caso que Lasso gane, se gobernará para la evasión y se promoverá la salida de capitales, lejos de lo que el candidato expresa cuando dice "la dolarización se la fortalece trayendo dólares al Ecuador".

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La promesa del millón de empleos contrasta con la de eliminar diferentes ministerios, lo cual más bien traería desempleo, como en el caso de Argentina con Macri. No solo es el hecho de querer eliminarlos sino de querer perjudicar a las familias de un sin número de funcionarios con el único fin de reducir el Estado. No se trata de autoridades, se trata de un montón de personas que trabajan en el sector público. Por otro lado la reducción estatal implica la falta de atención de diversos espacios en los que se promueve la justicia social y queda claro que ese es el aspecto que menos preocupa al banquero.

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La tercerización laboral es una práctica que consiste en subcontratar a un tercero para que desarrolle un trabajo que en principio debería hacerlo aquel que fue contratado. Valga un ejemplo: una empresa contrata a un ciudadano para crear una página web, y recibe por ello 5000 dólares. Este a su vez le pide a un amigo que conoce del tema que haga la página y que le pagará 1000 dólares. Frente a la necesidad, este último acepta convirtiéndose en tercerizado: ganará 1000 por su trabajo mientras el otro ganará 4000 sin hacer nada. No es de extrañar que el tema vuelva a surgir en el debate político más aún cuando sabemos que Páez prestaba su nombre a empresas y cobraba el triple. Regular este tipo de prácticas y enmarcarlas en la ley faculta el ahorro en algunas empresas y personas que se aprovechan de ello para ganar más y esclavizar sutilmente. Dicen que van a dar un millón de empleos, por supuesto, los encontraremos tercerizados.

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La libertad de expresión consiste en que las personas podamos acceder a información de calidad, útil y verídica. No se trata de que los medios puedan decir lo que deseen sin pasar muchas de las veces por las más mínima investigación. Sin embargo se ha utilizado el discurso de la falta de esta libertad para decir que la Ley de Comunicación que Lasso pretende derogar es un error. Por un lado esta la paradoja de decir que no hay libertad de expresión pues para hacerlo se necesita libertad de expresión. Y por otro el hecho de que dicha ley garantiza que la información no esté controlada por ciertas empresas privadas que ostentan el poder hegemónico en la sociedad y que monopolizan las ideas. Miremos con atención los titulares de los medios y cómo los mismos intentan posicionar ciertas ideas a beneficio propio y de quienes los favorecen. No es difícil darse cuenta de qué tipo de sociedad de la información nos espera con Lasso.

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En realidad no se trata de Guillermo Lasso en tanto persona, él puede ser quien es, sentirse orgulloso de su condición de banquero, y además expresar que ha logrado su fortuna con muchos años de trabajo honesto siendo bachiller. Si le creemos eso, bien. Sin embargo el gobierno de un país no se reduce a personas sino a ideas. Y la razón más importante para considerar las mismas es que un tipo de visión política es la que puede determinar muchos aspectos en un país. Lasso es la cara más visible de la ultraderecha ecuatoriana y ello implica ya un tipo de visión de país y de gobierno. Por supuesto basada en la privatización, el individualismo, la rendición ante el mercado y la entronización del capital por encima del ser humano. Las formas de concebir el mundo juegan mucho a la hora de gobernar y tenemos el ejemplo más visible en las actuales Brasil y Argentina.

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Recuerdo un sabio profesor que refería una antigua película italiana titulada El Gatopardo. La lógica de la película la resumía en una frase del guión: "Hay que cambiarlo todo, para que no cambie nada". Cuando escucho al partido CREO y de hecho a los partidos latinoamericanos de derecha hablar de cambio es precisamente lo que se me viene a la mente. En un mundo eminentemente capitalista, en el que unos poseen los medios de producción y compran la fuerza de trabajo a otras personas que no lo poseen, es necesario mantener dicha lógica aunque eso implique cambiar cualquier avance en dirección contraria. El cambio de Guillermo Lasso es el retorno a un país sin políticas sociales, sin educación o salud gratuita, sin educación superior de calidad, sin revalorización de algunas profesiones, sin salarios dignos, sin derechos laborales. Entonces claro, hay que cambiar, hay que hacer que cambie todo de manera que no cambie nada.


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Con una clara declaración xenófoba, y en referencia a los médicos, manifestó Lasso que Ecuador es para los ecuatorianos y Cuba es para los cubanos. Más allá de las implicaciones que dicha afirmación tiene en razón de derechos humanos y de movilidad de las personas cuyo límite lo ponen las fronteras, hay un punto esencial que Lasso parece desconocer (entre tantos), y es que Ecuador tiene una amplia brecha de profesionales de la salud. De hecho si hablamos de especialistas dicha brecha es nada más y nada menos que de 10194 médicos. En otras palabras falta esa cantidad de personas para atender las necesidades de salud del país. Este dato es importante pues no se trata de volverse Trump de un día para otro y despedir a los profesionales calificados sino de establecer procesos que permitan que dicha brecha disminuya. Uno de ellos es ofrecer becas a personas para que estudien especialidades que no hay en el país. Si la intención de Lasso es descuidar todos los puntos importantes en materia social como la salud, por ejemplo, seguro su plan merece un premio. Nada más lejano de la realidad y el Bien Común, que pretender hacer políticas desde lo que sale del estómago.

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En los últimos días aseguró el candidato que indultará a los "perseguidos políticos de la dictadura de Correa". Más allá de la estrategia política de llamar dictadura a los gobiernos democráticos que no nos gustan, la pregunta que mucha gente se ha hecho es a qué perseguidos políticos se refiere Lasso dado que no lo ha declarado en concreto. Cabe recalcar que usualmente las personas que se encuentran privadas de la libertad es porque han tenido un proceso concreto. Y por otro lado que algunos de estos perseguidos son más bien prófugos de la justicia como en el caso de los amigos banqueros de Lasso, los hermanos Isaías. No es difícil avizorar a qué personas hace referencia Lasso más aún cuando se trata de sus amigos personales. Digo ¿acaso no fue Lasso súper ministro de Mahuad?

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Lasso ha anunciado con bombos y platillos que creará un millón de empleos, y al mismo tiempo, casi sin sutileza, ha manifestado que habrá, de entrada, 300 mil despidos. Se va armando el rompecabezas del correo que circuló hace unos días en los que buscan el mecanismo para hacerlo dejando a los despedidos incluso sin liquidación. Ahora bien, si los datos que maneja Lasso son los actuales quiere decir que con sus 300 mil despidos no tiene que crear un millón sino 1300000 nuevos empleos, cuestión imposible como ya se ha demostrado. O bien posible con una total precarización laboral, con gente sin sueldos dignos y sin derechos. No solo eso, los empleos que se eliminarán afectarán a sectores prioritarios como educación, salud, y seguridad, cuestión que no llama la atención pues está dentro del patrón de los gobiernos neoliberales.

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Un paraíso fiscal es un territorio cuyos sistemas tributarios poseen una infraestructura jurídica, contable y fiscal que permite la libertad de movimiento de personas y de bienes. Generalmente, tienen regímenes tributarios sin mucho control, por lo que son utilizados para el blanqueo de dineros o para mantener dinero sin pago de impuestos. Lasso manifiesta como una de sus propuestas "Producir más a través de las zonas francas que generarán empleo, innovación y transferencia de conocimientos" y define zonas francas como los "espacios físicos que tienen reglas tributarias y arancelarias que atraen inversión a largo plazo". En palabras más simples, Lasso quiere crear, en medio de nuestro territorio, pequeños paraísos fiscales, cuya única regla es que el régimen tributario nacional no aplica en el lugar. Por supuesto que esto atrae la inversión extranjera, ya el mismo Lasso nos ha demostrado que los de su clase gustan de terrenos donde puedan mantener dinero y no pagar impuestos. Las zonas francas no solo facultarán este tipo de movimientos, sino que las mismas personas del territorio comenzarán a llevar su dinero a estos lugares evitando así que el territorio y el Estado en su conjunto tengan recursos suficientes para atender sectores prioritarios como la salud o la educación. Los efectos de este tipo de políticas tarde o temprano "pasarán factura" al Ecuador, aunque sus beneficiarios las sigan defendiendo. ¿Queremos paraísos fiscales en Ecuador? Ahí les dejo un texto que vale la pena leer por si aún no lo han hecho.

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Resulta curioso que quien ha manejado un discurso supuestamente en pro de la libertad de expresión se ponga tan a la defensiva cuando le preguntan por sus propios actos de corrupción y no de terceros. No es la primera vez qué pasa, en realidad lo único de lo que podemos estar seguros es que Lasso no soporta que lo cuestionen sobre su mal habido dinero. Ahora bien, vale destacar dos puntos: 1) a Lasso le molesta lo público, y por eso inicia resaltando el hecho de que quien pregunta no pertenece a un medio privado, ¡qué bien que aún hay medios que le hacen las preguntas incómodas que no le hará Teleamazonas!, y 2) siguiendo su estrategia como candidato, Lasso da vueltas para no responder. La privatización de los medios por la que aboga Lasso es en realidad otra manera para decir "quiero medios que me solapen, y que no me cuestionen".

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¿Imaginas un Estado al servicio del ámbito privado? ¿Imaginas un Estado que favorece a quienes ven en la educación un servicio y no un derecho? O peor aún ¿imaginas que el Estado decida dejar de invertir en escuelas, uniformes, útiles, libros, docentes, para pagar a los dueños de escuelas privadas? Por extraño que parezca, esa es una de las propuestas notarizadas de Lasso, quien no solo quiere privatizar la educación sino que busca servir a quienes ya la han privatizado. Seguramente Lasso piensa: ¿para qué mejorar la educación pública si puedo pagar a quienes lucran con ella? Lo peor del caso es que en su visión, todo un país podría funcionar como si fuera un banco, al punto que a esta "gran idea" la ha denominado "los vouchers educativos", los cuales terminan siendo, en realidad, una especie de créditos a las familias para que pongan a sus hijos en escuelas pagadas. No se trata de si existen o no centros de estudio públicos y privados, sino de mejorar la educación más accesible para los sectores más vulnerables de la sociedad, cuestión que se pierde del todo cuando la visión que se tiene no permite ver las realidades más allá de los negocios, lamentablemente, con Lasso, ese es el caso.

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Al parecer hay muchas personas a las que le parece poca cosa que Lasso haya generado una ganancia de 30 millones durante el feriado bancario, o que esté vinculado a 49 empresas Offshore. Sin embargo, el asunto no tiene por qué pasar desapercibido porque muestra lo que es capaz de hacer el candidato con tal de beneficiarse personalmente. Entonces más allá del millón de empleos y sus otras propuestas demagógicas sigue estando el banquero, aquel que sigue viendo intereses donde otras personas ven desarrollo social, aquel que sigue pensando en cheques donde las personas ven derechos. Es común de los gobiernos neoliberales recortar educación y salud, pero lo peor de todo es cuando este tipo de acciones se hacen para sacar ventaja. Y no es que sea banquero o no, es que en el mundo del individualismo y la competencia, simplemente hay personas que nunca cambiarán.

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Ha manifestado el candidato, cediendo a la presión de las críticas, que no privatizará ni la educación ni la salud, que las mantendrá gratuitas y que más además las va a mejorar. Sin embargo en sus propuestas notarizadas propone que la educación se pague con vouchers y sobre la salud dice: "Promover la participación del sector privado en el financiamiento, construcción u operación de la red pública de hospitales públicos". Tratando de compaginar las dos visiones contrapuestas de la misma persona hay dos alternativas: 1) O bien Lasso quiere pagar con fondos públicos a quienes privatizan la salud volviéndola un servicio y no un derecho, o bien 2) Lasso tiene clara la idea de la privatización de manera que tal como expresa su propuesta, los hospitales serán construidos por grandes corporaciones mismas que cobrarán por cada servicio relativo a la salud, cuestión que lamentablemente no todos podrán pagar. La lógica de la privatización implica que si no hay una ganancia de por medio, aquello simplemente no existe.

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Actualmente las Instituciones de Educación Superior, es decir Universidades, Escuelas Politécnicas e Institutos Técnicos y Tecnológicos, suman 746.048 estudiantes matriculados al 2015. Esto es el 41% de la población bachiller. El discurso del "Libre ingreso" resulta entonces enteramente demagógico pues aduce que es posible que el 100% de estudiantes ingresen a las carreras que deseen. Sin embargo, para lograr esto sería necesario duplicar y más las actuales instituciones y aún así esperar que las mismas oferten aquellas carreras de mayor demanda obviando cualquier otro análisis de pertinencia de las mismas. Entonces ¿cuánto costaría aumentar a más del doble las Universidades, escuelas politécnicas e institutos en el país? ¿Es posible hacerlo? Y si así fuera ¿es posible asegurar que la oferta académica supla los intereses de todos sin excepción? Un análisis tan sencillo revela que en las actuales estructuras de ingreso hay más democratización educativa que en creer de modo iluso que Lasso asegurará el estudio para todos, aún sabiendo que ni siquiera se lo aseguró el mismo.

30

En medio de las contradicciones de cada día, ha manifestado el candidato que busca mantener la salud gratuita nada más y nada menos que privatizándola. Así tal cual. Es decir, Lasso, quien como buen empresario cuida cada centavo que le ingresa a su banco, y que probablemente nunca ha regalado nada a nadie, cree que los empresarios van a invertir en hospitales nuevos, en pago de médicos, en medicinas, y demás y lo van a hacer para que la gente pueda acceder gratuitamente a la salud. ¡Tan altruistas los ricos!, dispuestos a regalarnos la salud a todos. No dudo qué hay gente que se ha permitido hacer obra social con el dinero que ganan pero lamentablemente es la excepción de la regla del consumo y el capital. No podemos esperar y esperanzarnos en que lo privado sostendrá lo público pues, sí de hecho tanto reclaman por los impuestos que se les cobran, dudo que por propia voluntad quieran hacerse cargo del gasto social del país.


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Ha manifestado Lasso que la inversión privada es necesaria para mantener los servicios públicos, pues aquello garantiza más ingresos para el país. Sin embargo, ha manifestado también que reducirá los impuestos para aquellos inversionistas, y además que creará zonas francas, con políticas tributarias flexibles, en el territorio nacional. La contradicción es evidente pues no pueden garantizarse nuevos ingresos desde la inversión privada si no es gracias a la recaudación de impuestos resultantes de las ganancias de dichas empresas; de lo contrario el beneficio de la "inversión" termina siendo exclusivo de los inversionistas, es decir de unos pocos, y de carácter personal. Nos encontramos frente a una posible política que favorece a los más ricos y sí, a una política de privatización, que sin recaudación resulta en beneficio nulo para el país.

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Pese a los grandes discursos promoviendo una campaña limpia y calificando de sucio todo aquello que refleje la verdad de un candidato de extrema derecha, no hay nada más sucio que buscar, por todos los medios, establecer imaginarios irreales sobre las realidades existentes. En este sentido Lasso ha tratado de des legitimar un proceso de diez años tachándolo de "dictadura", y se ha juntado con varios "intelectuales" y famosos para hacer lo mismo. Cabe decir que en realidad no hay tal y, por mucho que nos guste o disguste el proceso, se lo ha hecho en democracia. Sin embargo, detrás de estas muestras de desesperación queda algo claro, y es que, tanto los términos que se utilizan como las personas no son nada más que la muestra más visible del uso instrumental que puede hacer un banquero en virtud de favorecer sus propios intereses. A la final, y lejos del otro tan prostituido término de continuidad, alguien me puede explicar ¿por qué votar por Lasso es democracia y no hacerlo es dictadura? ¿Por qué Lasso representa la alternancia necesaria pero el otro candidato no?

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Hay una idea bastante común entre la gente, misma que declara: "los pobres lo son por vagos, y los ricos por bendecidos", afirmación que lleva consigo, no solo una gran carga de ideología (aunque dicen huir de ella), sino la más grande mentira. Lamentablemente el partido que representa Lasso es precisamente aquel que dice abanderar el equipo de los bendecidos y que por ello piensan que es necesario un gobierno que luche por sus propios intereses de clase, y como para tranquilizar sus conciencias, que le dé trabajo a los quieren vivir de dádivas del gobierno. La realidad es otra, pues pasa por las estructuras que conforman el sistema económico imperante. En realidad los ricos logran llegar a serlo, en el común de las circunstancias gracias al trabajo sostenido y arduo de los pobres. Así de simple. No quieren más ricos pues en la lógica de la distribución de la riqueza, si alguien toma de más (y acumula), a otro necesariamente le corresponderá menos. El capitalismo está pensado para anular las posibilidades, y por lo tanto para sostener a unos pocos, no se trata de gente que no quiere trabajar, sino de gente que ha sido estratégicamente orillada. No se puede crear una sociedad donde todos sean ricos, y quizá la peor ingenuidad es la de aquel que piensa que Lasso le llevará directito al club de los millonarios. Por ello, la idea no es favorecer a los pocos ricos, y crear los mecanismos para que existan más esclavos que lo posibiliten (a bajo costo y sin beneficios), como se ha declarado sutilmente en el plan de gobierno de Lasso, sino construir políticas sólidas que atiendan a la mayoría de la población, que permitan reducir las brechas sociales y económicas existentes, y que favorezcan la justicia social. Lejos estaremos de ello con un gobierno neoliberal.

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Expresa el Plan de Gobierno del candidato banquero, que se creará la "Ley de generación de confianza para la inversión", misma que tendría como objetivo "establecer una serie de garantías a la seguridad jurídica de los inversores privados así como incentivos tributarios que atraigan los capitales foráneos". En otras palabras, se crearán las condiciones por las cuales aquellos grandes inversionistas del extranjero verán en el Ecuador un nuevo y mejorado paraíso fiscal, un territorio en el cual no solo no pagarán impuestos, pese a las exorbitantes ganancias que suelen generar las inversiones, sino que tendrán un marco legal que les faculte una serie de prácticas que en otros espacios pueden ser consideradas ilegales. Prácticas como por ejemplo contratar empleados sin seguridad alguna, o con sueldos miserables, o bien operar en el país sin riesgo alguno por su inversión, sabiendo que el Estado podría tener que salvar a las empresas que no logren las ganancias adecuadas. No es de extrañarse cuando esa fue exactamente la práctica que operó durante el feriado bancario, protegiendo a la banca a costa de cualquier ciudadano y favoreciendo así a los dueños de los bancos en detrimento de la gran mayoría de la población. Después de todo, queda la gran duda, de por qué Lasso habla siempre del millón de empleos, y nunca del millón de empleos dignos.

35

En el plan notarizado del candidato se expresa: “Permitir la participación de la empresa privada en el servicio de seguridad ciudadana", con el supuesto de "ampliar otras modalidades que complementen el rol de la Policía Nacional". Así manifestado hay varias consecuencias negativas para el país, tanto porque se le resta la insitucionalidad a la Policía Nacional, como porque la seguridad será otro de los tantos aspectos que se privatizarán y que se volverán un lujo para quienes puedan pagarla. Por ampliación, lo que implica esta propuesta es que la seguridad será responsabilidad de los gobiernos locales, y tan solo aquellos que tengan las posibilidades podrán pagar por la seguridad ciudadana de sus territorios, esto quiere decir que la brecha de seguridad (unas ciudades más seguras que otras) dependerá basicamente de los ingresos del gobierno local, y de la "inversión" que se haga en temas de seguridad ciudadana. Otra consecuencia directa es que habrá policías cuyo sueldo sea menor a otros, y la lógica de la competencia primará en el ingreso de ciudadanos a la policía para engrosar a las empresas privadas, cuando sus sueldos sean superiores. Esto dado que la lógica del candidato Lasso no pasa por aumentar los sueldos a la policía pues varias veces ha manifestado su interés por reducir a los servidores públicos y reducir el gasto en el Estado, que por definición debería encargarse de la seguridad de sus ciudadanos.

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Pese al giro discursivo del candidato a la presidencia Guillermo Lasso, tratando de menguar las diversas críticas y argumentos respecto de su visión privatizadora, la verdad es que su propio plan de trabajo le juega en contra. Leemos en él: "Transferir la gestión de áreas verdes a la sociedad civil o empresas privadas para su protección y conservación y dar incentivos tributarios para proyectos de forestación y conservación". Es decir, no solo se trata de la salud, la educación (incluyendo la superior), la seguridad ciudadana, y demás, sino que la lógica de la privatización llega inclusive a los espacios de disfrute. Es decir, que la posibilidad de acceder a diversas áreas verdes, desde pequeños parques barriales, hasta grandes parques nacionales será también un lujo que solo se lo podrán dar, quienes puedan pagarlo. Pero ese no es todo el problema, la cuestión es que el dinero que se pague para poder, por ejemplo escalar al refugio del Cotopaxi, no beneficiará en absoluto al Estado, sino a unos cuantos que se aprovechen de la situación y armen la empresa privada responsable de su gestión. En la lógica privatizadora el beneficio siempre será para pocos, y mientras se vea en ello posibilidades reales de evitar impuestos y ganar fácilmente, el Estado seguirá perdiendo fondos valiosos, y la ciudadanía el acceso a una parte de lo mejor que tiene el Ecuador: sus diversos ecosistemas.

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"Hordas correistas", "mercenarios", "pandilleros extranjeros", atacantes de cuchillo", "de facciones extrañas", son algunos de los calificativos que utiliza Lasso para referirse a quienes no comparten su visión. Él que se auto nombra adalid de la paz, y que manifiesta que quiere acabar con el trato de quién además denomina "dictador". No quiero prejuzgar ni juzgar a nadie y por supuesto que hay que condenar la violencia venga de donde venga. Sin embargo, hay cuestiones que no solo tienen que ser (o pretender ser) sino también parecer. Creo que poco a poco se van mostrando los verdaderos rostros de Lasso y Páez que claman por el cambio pero que actúan con violencia cada que tienen una oportunidad, y no dan muestra de mejores relaciones sociales. Para finalizar una pregunta, ¿alguien tiene el dato de cuántas veces, en estos diez años de campaña sostenida, Lasso ha visitado Esmeraldas o el Juncal?

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Hablando de campañas sucias y limpias, estas últimas que Lasso dice representar, el día de hoy me hicieron una "encuesta" de preguntas cerradas más o menos en los siguientes términos:

1. ¿Votará por Lasso o por Lenin?

2. ¿Usted cree que es mejor para el país confiar en los políticos o apoyar el cambio?

3. ¿Está de acuerdo en la reiterada propuesta de Lasso de ofrecer salud y educación gratuitas? 
4. Si le dijera que el papá de Jorge Glass es un violador, ¿cambiaría su voto? 
Basta un pequeño análisis, ni siquiera muy académico, para ver a todas luces cómo se intenta influenciar en el voto de las personas y además en las respuestas a preguntas con afirmaciones construidas en virtud de violentar una respuesta. Simplemente creo, como he manifestado en anteriores ocasiones, que hay cuestiones que no se deben siquiera decir sino demostrar. Sin lugar a dudas la desesperación del candidato es visible a pocos días de las elecciones y lo demuestra su campaña, tan sucia desde el principio, en medio del silencio electoral.

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Ha manifestado el candidato que es necesario reducir el aparato estatal en el que una suerte de burócratas decide en escritorios el destino del país. El mismo Páez le ha puesto número a esta idea de despidos masivos y ha dicho que deben salir al menos 300000 servidores públicos. Más allá del hecho de liberarse de unos cuantos trabajadores y además de dejar la idea de la implantación de un trabajo precario con el mantra de "un millón de empleos", cabe cuestionar la idea del binomio de Creo, respecto de lo que consideran un servidor público, más aún cuando quieren que el pueblo los elija como los principales servidores públicos del país. Al parecer Lasso y Páez desconocen, por ejemplo, que una gran cantidad de profesores, médicos, policías y militares son servidores públicos y que la idea de servicio a la sociedad es la que prima en este concepto. Definitivamente, es importante cuestionar que un candidato que quiere ser servidor público llame burócratas a todos los demás.

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Es importante traer a colación dos análisis académicos de importancia para concluir con los argumentos en contra de posicionar a Lasso en el poder.

El primero consiste en el fenómeno del cual hemos sido testigos silenciosos o bien participantes, por el cual un gobierno progresista, gracias a la inversión en materia social, permite que un grupo de personas logren engrosar las filas de la clase media, y sentirse, en general, bien con un estilo de vida alcanzado gracias a una gestión, misma que los ha colocado en el centro de la política pública. En un momento determinado, al ver que el ascenso se estanca, estas personas comienzan a sentir que las políticas ya no les favorecen, y que todo aquello que pueda relacionarse en materia económica con su propio crecimiento es en realidad un ataque a su bienestar. Como consecuencia, como si de una venda se tratará comienza a desconocerse el origen de la mejora de sus propias calidades de vida y finalmente, aquellos se oponen a su propio indirecto benefactor. Así, en el país se fue gestando un odio al gobierno, a veces sin mucho fundamento, basado en mentiras que circulaban en las redes y medios, o simplemente relacionado al hecho de sentirse ricos y por lo tanto perjudicados por todo, aunque dicen por ahí que el mejor producto del capitalismo es el pobre de derecha. Curiosamente aquellos que lograron mejorar en los últimos años son ahora los más grandes seguidores de un candidato que supo captar el descontento y aprovecharse de la situación. Muchos entonces, como ya se ha visto en otras situaciones no quieren votar por Lasso, sino que declara que quieren simplemente acabar con el régimen. Y sin embargo, no hay nada peor, que un voto visceral.

El segundo consiste en el recuerdo de los días pasados, signados por políticas de carácter neoliberal, que poco a poco fue obligando al candidato, a retroceder en sus propuestas más radicales para ablandar las mismas, y posicionar un discurso menos extremista (por supuesto de derecha). Es así que Lasso, a lo largo de estos cuarenta días, ha comenzado a posicionar nuevamente lo público y lo gratuito, disminuyendo su discurso privatizador, mismo que anteriormente colocaba a las empresas privadas en un primer plano. El candidato, que en un momento sintió que podía arremeter con todo el neoliberalismo que lo cobija, poco a poco se dio cuenta que ganaba más en la defensiva que en la ofensiva. Esto en realidad no tiene nada que ver con los propios fantasmas que les persiguen y que les hacen sentirse paranoicos con el gobierno actual, sino con el auténtico fantasma que, en realidad sigue presente en las mentes de miles de ecuatorianos que ya vivieron las épocas más fuertes de lo que usualmente se denomina "larga noche neoliberal". Lasso personifica ese pasado, y en realidad lo hace por que él mismo ha declarado una política con ese carácter. Votar por Lasso es votar por un cambio, el cambio de la política pública a la privada, el cambio de centro del ser humano por el capital, y el cambio de la justicia social al retorno del neoliberalismo. Nosotros tendremos la última palabra.


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