Los cambios en el Ser Bachiller: asuntos pendientes (2/3)

Recientemente fueron socializados posibles cambios en la prueba Ser Bachiller, con el fin de mejorarla, posterior a un anuncio del Presidente de la República que manifestaba una postura crítica sobre dicho examen. Ya en el nivel práctico tenemos algunos cambios de pronta implementación, pero meramente de forma. Los cambios consisten básicamente en una revisión de los porcentajes del mismo en relación al acceso a la educación superior, en su extensión y tiempo, y finalmente, en la lógica de incorporar lo abstracto en el interior de los exámenes por materia.


Continuando con el análisis de los cambios que se han anunciado respecto del examen Ser Bachiller, les presento la segunda parte del mismo. Pueden revisar la sección previa aquí.



Cambio 2


Baja de 160 a 120 preguntas, transversaliza el campo abstracto en el resto de componentes: Matemática, Lengua y Literatura, Ciencias Sociales y Ciencias Naturales. Antes el examen duraba tres horas y en el nuevo será de dos y media horas.


Problemática


Una vez señalado el problema que comporta la evaluación estandarizada en sí misma, puede abordarse otra de las problemáticas del cambio anunciado en términos de forma. Este comprende el número de preguntas del examen, así como el tiempo en que se puede ejecutar, consecuencia directa de la reducción del número de preguntas. Además, la “transversalización” del campo abstracto en las diferentes áreas.


Se hace necesario un poco de historia para poner en evidencia las dos fases previas que ha tenido, a grosso modo, el examen Ser Bachiller. Inicialmente se trataba de un examen exclusivamente orientado al acceso a la educación superior (muy similar a los exámenes psicométricos que se aplican en otros contextos) y, por ende, de un instrumento de medición de habilidades. Esto fue en parte por que se introdujo un discurso que concebía a la universidad como un espacio en el que los contenidos pasaban a segundo plano para dar prioridad a las habilidades que los permitan construir. Cabe decir, sin embargo, que este nunca ha sido el caso real de la Universidad ecuatoriana, como ya lo manifesté en un artículo anterior.


Luego, el examen se integró a otro de la misma naturaleza (quiero decir estandarizado) que se estaba desarrollando en los colegios para graduar a los estudiantes, y que comprendía los contenidos de las materias fundamentales, al menos desde la lógica del bachillerato general unificado. La razón de que en su momento existieron dos exámenes es que en Ecuador existen diferentes instituciones evaluadoras en el plano de la educación. El examen integrado posee una sección de “habilidades” y una de “contenidos”. La nueva propuesta buscaría integrar las dos asumiendo que los unos no podrían separarse de los otros, esto resulta interesante y novedoso, salvo por el hecho de que, en términos reales, la educación (al menos de manera generalizada), sigue centrada exclusivamente en contenidos.


Lamentablemente, incluso con la introducción del currículo por “destrezas con criterio de desempeño”, ha resultado muy difícil salir de una lógica en la cual los contenidos son el centro del aprendizaje. El riesgo es que el cambio a implementarse no logre finalmente desarrollar un examen que permita la utilización de los contenidos como medios, teniendo a las habilidades como fines, así como no lo logró el currículo, y muchos otros mecanismos implementados en la actualidad desde las diferentes instancias que trabajan estos mecanismos educativos en Ecuador. Para muestra, cabe decir que el modelo de planificación más extendido entre los educadores del país es el ERCA (experiencia concreta, reflexión, conceptualización, y aplicación), hilo aparentemente constructivista que ubica centralmente a los contenidos, haciendo que, de hecho, sea necesaria una planificación basada en “temas”, y no en “destrezas”.


Así, mientras se siga manteniendo este sistema, los estudiantes requerirán de un curso previo (que soluciona la falta de educación de doce años), para poder rendir una prueba cuyo único fin es obtener una silla en una institución de educación superior. ¿Por qué? Porque los preuniversitarios buscan aportar a las habilidades de estudiantes enteramente bombardeados de contenidos. Mezclar los temas solo modificará los cursos de los negocios preuniversitarios, sin cambiar en nada la educación.


Propuesta


Por supuesto, dicho de este modo, la solución resulta compleja pues requiere volcar la mirada a la educación misma. En la actualidad tenemos un currículo, perfectible, pero bastante bueno, en tanto abre muchas puertas, y favorece una menor estandarización (en la práctica). Aunque el camino es largo, la formación de los docentes es enteramente necesaria, ya que favorecerá que estos asuman que su tarea no es la de ofrecer información (de modo bancario como bien decía Freire), sino de formar en habilidades concretas.


Ahora, si se quiere una cuestión más inmediata, y existe ya una propuesta de introducción de los elementos psicométricos en las áreas, considero que los exámenes tendrían que favorecer el uso de la información en la resolución de problemas. Esto, aunque puede requerir una fuerte inversión en personal técnico, tendrá efectos muy positivos en la evaluación, pues pondrá a prueba el uso de los contenidos en el desarrollo de las habilidades. Ahora, esto podría entenderse como un retorno a las pruebas exclusivamente de habilidades, aunque la lógica aquí es diferente, ya que plantea la necesidad de conocer para resolver una problemática, más allá del lenguaje o de las “lógicas” medidas en las clásicas pruebas psicométricas.


Finalmente, creo que el Ecuador debe plantearse, a un nivel más amplio, la fusión de los organismos de evaluación que existen, o que llevan cuestiones similares. De momento existen: 1) el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEVAL) que es el responsable de la elaboración, aplicación y calificación de estos exámenes, 2) la subsecretaría correspondiente en la SENESCYT, y las entidades correspondientes en el MINEDUC, que deben trabajar en su articulación, y 3) a nivel más amplio, el CACES, que es la entidad que evalúa la educación superior.


Aunque parezca una propuesta muy amplia, cabe la pregunta de si una mejor articulación entre el modo en que se evalúa a las Universidades y el que se evalúa a los estudiantes de bachillerato, puede resultar positivo para la educación del país, más aún en este momento en el que la idea de “articulación de los sistemas”, ocupa un lugar importante en las dinámicas de organización estatal.

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