Ecuador: desde la discapacidad hasta la incapacidad de conciencia

Resumen


Durante el último tiempo, un gran número de denuncias sobre presuntas irregularidades en la obtención y emisión fraudulenta de miles de carnés de discapacidad han sido presentadas. Estas denuncias involucran a un grupo de legisladores de la Asamblea Nacional, grupos de funcionarios de la Función Judicial, del Ministerio de Salud Pública, etc., y a quienes, ya se las ha iniciado procesos investigativos judiciales. Es alarmante que, dada la gravedad de los casos, la sociedad ecuatoriana no sepa si las personas involucradas son inocentes, han renunciado o han sido despedidas, lo que amenaza con provocar crisis institucionales con visibles implicaciones sociales. Por premisa, la ética se considera esencial para el desarrollo social, la sana convivencia y el bien común. En este sentido, el objetivo de este artículo es repensar las dimensiones de conciencia moral y ética con el fin de generar reflexión en la sociedad ecuatoriana sobre la condición de las personas con discapacidad y desestimar todo acto de corrupción. Por lo tanto, este articulo discutirá dialécticamente las dimensiones de la conciencia moral y ética fundamentado su teoría en la filosofía para privilegiar que las personas con discapacidad sean respetadas y considerados en el entorno.


Palabras claves: conciencia moral, ética, sociedad, corrupción, discapacidad.


Abstract


During the last time, a high number of complaints about presumed irregularities in the procurement and fraudulent emission of thousands of disability cards have been filed. These complaints implicate a group of legislators of the National Assembly, groups of officials of the Judiciary, the Ministry of Public Health, etc. to whom judicial investigative processes have already been initiated. It is worrying that, given the seriousness of the cases, Ecuadorian society does not know whether the persons involved are innocent, have resigned or have been fired, all of which threatens to lead to institutional crises with visible social implications. As a premise, ethics is considered essential for social development, healthy coexistence and the common good. In this sense, the aim of this article is to rethink the dimensions of moral and ethical conscience in order to generate reflection in Ecuadorian society on the condition of persons with disabilities and to dismiss any act of corruption. Accordingly, this article will discuss dialectically the dimensions of moral and ethical conscience, basing its theory on philosophy in order to privilege that people with disabilities are respected and considered in the environment.


Keywords: moral conscience, ethics, society, corruption, handicap.


Introducción


Un escenario “nuevo” se ha develado en Ecuador. Las personas con discapacidad han pasado a ser los nuevos perjudicados y objetos de exclusión, mientras que las denuncias por presuntas irregularidades en la obtención de carnes se divulgan en boletines de prensa, comunicaciones oficiales, medios de comunicación (televisión, radio, periódicos) y por supuesto en las redes sociales.


Entre el asombro y la indignación, estas denuncias han llenado los titulares, por ejemplo: el boletín de prensa N° 030 de la Contraloría General del Estado (Estado, 2020) , que reporto que se emitieron 17 órdenes de trabajo para iniciar auditorías al proceso de emisión del certificado único de calificación de discapacidad, y que, además, se intervendrán las oficinas del Ministerio de Salud en 24 provincias. El Comercio (Velez, 2020) , por su parte señalo que: “22 funcionarios son investigados por entrega fraudulenta de carnés de discapacidad” pues, alrededor de 2454 carnes de discapacidad están en proceso de anulación. La directora nacional de discapacidad del Ministerio de Salud Pública (MSP), Lissete Tapia, detalló que existe un patrón común, pues, los especialistas no corresponden o no validan la condición de discapacidad de los portadores, adjuntando, además, certificados emitidos por un mismo profesional con diversos diagnósticos, hojas en blanco o documentos sin firmas ni sellos. El Universo, por su parte, señala a través de la presidenta del organismo, María del Carmen Maldonado (Universo, Politica, 2020) que el “Consejo de la Judicatura tiene a 26 jueces, 15 administrativos y 11 notarios ‘bajo sospecha’ por usar carnés de discapacidad en concursos, y que tal condición les permitió beneficiarse en la puntuación”. En la misma línea, El Telégrafo, señala (Telégrafo, 2020) “En Guayas se entregaron la mayoría de los carnés de discapacidad durante la pandemia”, entre el 11 de marzo y el 30 de junio de 2020, pese a que estaba suspendida la calificación y recalificación. En fin, no se podría citar todos los casos de denuncia que han sido reportados.


Sin embargo, más allá de revisar o citar las innumerables denuncias, se hace urgente reflexionar sobre el fenómeno complejo conocido como corrupción y las consecuencias nocivas en los ámbitos sociales, económicos, culturales, éticos para la sociedad ecuatoriana. Las noticias sobre presumibles olas de corrupción son tan inmensas como imparables manifestadas en una ideología de justificación y desconfianza. Lo desconcertante en esta situación es que la posición y el poder sean posiblemente mal utilizados para beneficio personal o privado, es decir, que la corrupción se vuelva endémica destruyendo la confianza y asignando mal los recursos.


Siguiendo a Paul Ricoeur (1988), se podría decir que la corrupción equivale al “comportamiento del mal”, que según el autor es una problemática de la libertad del sujeto y de la moral. Es decir, según el autor, el mal [1] (Ricoeur P. &., 2006) tiene una condición de libertad, en vista que el mal está alojado en el corazón del sujeto humano. En esta concepción, es el ser humano el responsable del mal moral.


Las instituciones del Estado, sus organismos, dependencias, servidores públicos, cuentan con un amplio marco legal que los legitima y les permite la consecución de sus fines, por lo que nadie puede invocar su desconocimiento o ignorancia para dejar de cumplirlo, como se establece en la Constitución, por lo que cabe preguntar:


  • El marco legal: ¿no se respeta?, ¿no se acata?, ¿no es transparente?, ¿puede interpretarse de diferentes maneras beneficiando prácticas corruptas? ¿podría aplicarse en ausencia de valores éticos elementales? ¿son simples documentos teóricos que no permiten relaciones seguras, confiables con la sociedad? ¿Se tiene presente que los conocimientos teóricos sobre normas legales, sobre ética, no sirven de nada si las personas no los aplican en sus actividades?

  • Los procesos de selección de personal: ¿Están basados en el principio del mérito, probidad, capacidad? ¿Se realiza una formación profesional que permita a las personas asumir el papel de verdaderos representantes del interés público, prestando servicios de calidad según el marco legal institucional y basados además en valores éticos? ¿Se requiere además que las personas cuenten con una formación ética que les permita desarrollar plenamente su capacidad de juicio, demostrando su compromiso con la integridad y los valores éticos?


Una infinidad de preguntas gravitan en el ecuatoriano/a y la sociedad que le rodea. Hay un cuestionamiento auténtico- transcendental proveniente de su propia humanidad, que corresponde a la conciencia moral y ética y su praxis en los ámbitos político, económico, cultural, fundamentada en el actuar conforme a la concepción del bien común [2] y la lucha contra la corrupción.


Dada la situación actual del Ecuador, este artículo intenta provocar una profunda reflexión sobre el estado de las personas con discapacidad, así como fundamentar en lo teórico y en la praxis el imperativo de la conciencia moral y ética desde su filosofía y etimología, en contra de la corrupción, en todas sus formas, por grandes o pequeñas que puedan parecer. La estructura de este artículo comprende el resumen, la introducción, marco teórico, metodología, análisis de resultados y en la sección final se establecen las conclusiones y las recomendaciones. En un primer momento, se aborda la discapacidad abordada desde su entono social. En un segundo momento, se plantea la conciencia moral y ética desde sus concepciones como reflexión urgente y prioritaria en Ecuador, se continua con la corrupción y sus consecuencias y finalmente los estragos en la sociedad ecuatoriana.


Situación de la discapacidad en Ecuador


La concepción y el tratamiento de la discapacidad a lo largo de la historia ha adoptado numerosas formas que han querido reconducirse a la epistemología, la dialéctica, lo racional, crítico, moral y ético. En el paradigma actual la discapacidad se enfoca desde el modelo biopsicosocial, es decir, en la interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales, con un enfoque holístico en la atención integral a las personas con discapacidad y sus familias, con el objetivo de lograr plena participación e inclusión social. (MSP, Calificación de la discapacidad. Manual., 2018)


En Ecuador, la ley Orgánica de Discapacidades-LOD, define en su Art. 1


Persona con discapacidad a toda aquella que como consecuencia de una o más deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales, con independencia de la causa que la hubiera originado ve restringida permanentemente su capacidad biológica, psicológica y asociativa para ejercer una o más actividades esenciales de la vida diaria, en la proporción equivalente al treinta por ciento (30%) de discapacidad debidamente calificada por la Autoridad Sanitaria Nacional (MSP, Calificación de la discapacidad. Manual., 2018).

Entendida así, la discapacidad es una deficiencia para realizar una actividad dentro de lo que el ser humano considera actividades necesarias, autónomas e indispensables en la vida diaria. La discapacidad se clasifica en auditiva, de lenguaje, física, intelectual, múltiple, psicosocial, visual (Ver tabla 1) y se mide en escala genérica de gravedad. (Ver Tabla 2). Lo establecido en esto reglamento es de complemento obligatorio en el Estado ecuatoriano, para asuntos de calificación y consideración de las personas con discapacidad.

Dada que la discapacidad se evidencia en diferentes tipos y escalas, debe entenderse más allá de su etimología, pues, es la clara comprensión del proceso y las consecuencias que deja en el propio cuerpo, en la persona (parte cognitiva, física y emocional) e inconcusamente en la relación con la sociedad. La discapacidad debe ser tratada en su entorno neurológico, biológico, motriz y desde el modelo social.


Giampiero Emilio Aristide Griffo, en las III Jornadas científicas de Investigación sobre personas con discapacidad (GRIFFO, 1999), en un maravilloso despliegue discursivo concientizo al mundo sobre la concepción de discapacidad; menciona, por una parte, la necesidad de conseguir una autonomía, independencia e interdependencia con la sociedad, es decir, ser considerado y valorado en sus diversas capacidades para realizar las actividades diarias. Por otra parte, considera que la exclusión social, convierte a una persona con discapacidad en portador de hándicap[3], pues, es la misma sociedad que no ha concientizado, ni ha incluido a la persona con discapacidad. Por lo tanto, la discapacidad se entendería además como un fenómeno social señalando que las limitaciones que padecen las personas con discapacidad provienen de la sociedad, la cual en muchas partes fracasa al no adecuar el medio físico y social para la diversidad propia de la naturaleza humana.


Las intervenciones que requieren las personas con discapacidad se lo hacen evidente en accesos físicos, beneficios, reducciones, exoneraciones, prótesis, pues la persona con discapacidad es merecedora de ser valorada en sus capacidades y potencialidades dentro de la sociedad.


En toda sociedad, las personas con discapacidad deberían considerarse como prioridad, no obstante, parecería que, en Ecuador, la discapacidad ha sido manejado desde un ángulo demagógico, plutocrático e infrahumano debido a la infinidad de supuestos casos fraudulentos a favor de la obtención de los “beneficios” de las personas con discapacidad.


Varios medios de comunicación, de opinión, tradicionales y digitales dan a conocer del aparente fraude en los carnés de discapacidad, certificados médicos, importaciones de vehículos, reducciones de impuestos en el usufructuando de los derechos de las personas con discapacidad; “provecho” que preocupa por la aparente costumbre de este tipo de actos, pues, impregnan a la sociedad ecuatoriana de violencia, maltrato, omisión e indiferencia, por lo que nuevamente es necesario cuestionarse sobre la actuación de los especialistas, quienes actuaron presumiblemente de manera fraudulenta y que con sus acciones pueden ocasionar crisis y aun el colapso de la institución:


  • ¿Calificaron discapacidades temporales cuando debieron calificar discapacidades permanentes, que se comprueban porque la persona tiene restringida permanentemente su capacidad biológica, sicológica y asociativa para ejercer una o más actividades esenciales de la vida diaria? ¿Ignoraron los protocolos y medidas normativas que orientan las acciones, para haber aceptado certificados emitidos por un mismo profesional con diversos diagnósticos y para no haber validado la condición de discapacidad? ¿Actuaron solos o de forma organizada? ¿Ignoraron el marco constitucional y legal en los que se establece el respeto, protección y garantía de los derechos humanos y consagra la atención prioritaria a las personas con discapacidad?


Las historias de las personas con discapacidad en Ecuador son innumerables, historias, contadas desde el dolor y la frustración por la falta de atención, las promesas nunca cumplidas y los “beneficios” no obtenidos. En Ecuador los miles y miles de casos, posiblemente fraudulentos, han impuesto una ideología que corresponde a una “libertad” inoculada de demagogia y corrupción. Las denuncias y noticias sobre los presuntos hechos en la emisión y uso fraudulento en carnés de discapacidad han dejado a un gran número de personas con discapacidad en exilio y desgracia, sin resolver sus legítimos requerimientos a los que tienen derecho, pues, sus condiciones se han reducido a la ideología del discriminado.


Conciencia moral y ética


Referirnos a la conciencia[4] es repensar su relación consigo mismo y con el mundo, es decir, a su pura espontaneidad de su emerger en el corazón del en-sí, pues es la capacidad de los seres humanos en su conocimiento, reflexión y percepción de su propia existencia y de su entorno. Siendo así, que la conciencia es el sentido del deber y se emplea en el sentido moral, en la capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo[5], como reflexión sobre la conducta y los actos propios.


Los conceptos de conciencia moral y ética se hacen inmediatos ante el devenir de una sociedad que parece maximizarse por el natural egoísmo “el móvil principal y básico en el hombre como en el animal es el egoísmo, es decir, el impulso a la existencia y el bienestar” (Schopenhauer, El Fundamento de la Moral, 1949), egoísmo, que según el autor incluso proviene de la maldad misma, generando injusticia, iniquidad extrema, dureza e incluso crueldad. Para Hobbes, es la “moral egoísta”, misma que eleva el ansia ilimitada de poder y se encuentra en el ser humano en su misma raíz de supervivencia (Martínez, 2008), sin embargo, este egoísmo que aparentemente permite la “supervivencia”, el bienestar propio, se desvincula de la conciencia moral.


La reflexión sobre los preceptos de moral, el deber y la virtud que guían el comportamiento humano, constituyen la ética (disciplina filosófica). La palabra ética proviene del griego ethos, que significaba originariamente “morada”, “un lugar en donde vivimos”, pero posteriormente pasó a significar “el carácter”, el “modo de ser” que una persona o grupo va adquiriendo a lo largo de la vida. El término “moral” procede del latín “mos, moris”, que originariamente significaba “costumbre”, pero que luego también significo “carácter” o “modo de ser”. Dado estas coincidencias, ética y moral en su etimología tienen un significado casi idéntico o se emplean como sinónimos, no obstante, la ética es la “tematización del ethos”[6] (conciencia moral), es decir, la reflexión como “una de las formas en que el hombre se autoobserva, una operación consistente en dirigir la atención hacia las operaciones propias” (Maliandi, 2004). Entendido así, la ética es la disciplina (la tematización) y la moral (lo tematizado). La ética cimienta el imperativo de los valores, es la ciencia de la moral, una esfera de la conducta humana (Vázquez, 1984), de manera que la conciencia moral hace eco de los actos de acuerdo a los valores, al actuar bien, moralmente bien y éticamente bien, teniendo en cuenta el bien común para todos, pues, lo contrario sería lo inmoral o amoral [7].


La conciencia moral en la ética socrática (Mondolfo, 1954) veía la necesidad constante de un examen interior y un perfeccionamiento, es decir, un examen de conciencia con la obligación de avergonzarse por las propias faltas ante sí mismo más aún que ante los demás. Sócrates consideraba fundamental en la vida del hombre cuidar de su alma para mejorarla. Platón, en la Apología declara que “una vida sin examen de conciencia no es diga de ser vivida por el hombre” (cap. XXVII, 38 A). La carestía de un examen de conciencia haría una vida deshonrosa de ser vivida. Además, Sócrates fundamenta que no solo el conocimiento teórico es suficiente para actuar éticamente, pues es necesario completarlo con la virtud y “el conocimiento del bien y el mal” (Laches, 199d y Charmides 174c) como condición para el arete (excelencia/ virtud/ capacidad de hacer el bien).


Para Platón, la conciencia moral es el hecho de que se considere la conciencia del pecado como condena interior y tormento del alma en la vida presente, siendo una correspondencia con el pensamiento de Sócrates, en el sentido de despertar en el ser humano una conciencia moral para cumplir con la conciencia del deber[8] hacia sí mismo y los demás. En Philebos, Platón transfiere el bien a una esfera “más allá del ser y la esencia” y Anaximander, lo caracteriza como ápeiron (infinito e indeterminado).


En la filosofía de Kant (Kant, 2020) la conciencia moral se impone así mismo como deber, como un imperativo categórico, es decir una necesidad absoluta[9]. Kant divide la conciencia en dos tipos: heterónoma y autónoma. La primera responde a las normas del entorno social y cultural, en otras palabras, a lo que corresponde al comportamiento en la vida pública. En la segunda división, Kant habla de una conciencia que se impone a sí misma, a la propia conducta del ser, es decir, al interior del ser humano, como razón práctica y de la experiencia sensible como razón teórica, pues, lo contrario a la conciencia moral es la mala conciencia que no puede justificar sus acciones. Kant nos refiere que para fundar lo ético es necesario el “deber ser”, a diferencia del mero “ser”, dicho de otra manera, que el orden de los valores sociales es una experiencia interna. Por lo tanto, el deber ser es la conciencia moral, misma que se legitima tanto en el conocimiento teórico, así como práctico, para fundamentar las reglas de comportamiento en el marco de la vida social y en sí mismo.


Dewey, siguiendo la filosofía kantiana señala que la ética no establece formas generales o patrones de conducta, sino que se entiende como una reflexión, pues, desde la visión pragmática, las decisiones éticas llevan a reflexionar sobre los límites de lo que podemos saber, lo que debemos saber y lo que nunca podríamos saber para tomar decisiones responsables, es decir, que la conducta ética se debe tratar crítica y creativamente con conocimientos que nunca deben agotarse. (Hetzel, 2015)

Jean-Paul Sartre (Gordillo Álvarez-Valdés, 2009) señala sobre la presencia de la conciencia, considerada como un acontecimiento absoluto, que no tiene más explicación posible que la de ser un puro hecho contingente, el cual sólo podemos constatar, pero no justificar con razones, es decir, no es la realización de una posibilidad, pues surge en el seno del ser, crea y sostiene su propia esencia, comprendiendo así la conciencia como un ser que es totalmente responsable de su ser, en tanto que ella misma es su propio fundamento injustificable. Dicho de otra manera, no hay justificación moral al comportamiento inmoral y/o amoral.


Confucio nos señala en “El arte de la estrategia” que debemos conocer la esencia de todas las cosas y el fin hacia dónde dirigir nuestras acciones, es decir, el estado de perfección para no ser alineados. Para Confucio es un deber que tienen que trabajar los nobles y humildes, por tal razón, mejorar y corregir el propio ser (a nosotros mismos), conocer la esencia de todas las cosas y dirigir nuestras acciones hacia el bien, siendo así, que el deber de trabajar en una conciencia en valores para lograr la conducta correcta individualmente y en la vida pública, con el fin de alcanzar políticas de integridad en la sociedad.


Filósofos actuales como Adela Cortina (1996) presenta a la ética como filosofía moral, indispensable para desplegar los conceptos y argumentos que permiten comprender y orientar las acciones de los seres humanos. La ética (ethos), según la autora debe apuntar a una reflexión desde una perspectiva moral, como reflexión en la vida cotidiana en la que un ser humano actúe a la altura de la conciencia moral, la cultura de la excelencia (areté), con valores como la justicia, la igualdad, la honestidad, la integridad, llegando hasta la virtud. La autora señala la necesidad de sustentarse en la ética, sobre todo en las condiciones económicas, políticas y sociales actuales en las que vivimos, caracterizadas por sociedades que se ven abocadas con grandes sufrimientos por la falta de valores y es a través de la ética que se pueden reconstruir compromisos y confianza que evidentemente van en contra de la mediocridad, la corrupción, el burocratismo.


La Comisión Europea, por su parte, establece a la integridad como un principio fundamental del buen gobierno y define a la ética como el conjunto de valores que orientan el desempeño de las funciones públicas. Además, señala que la ética puede equiparse con la “moralidad”, pero esta no es suficiente, pues en la administración pública es indispensable estándares socializados para orientar el comportamiento y decisiones; siendo así, surgen nuevamente una serie de preguntas sobre las personas que ocupan puestos superiores y de alta dirección en las instituciones en Ecuador y sobre como realizan la gestión del talento humano.


  • ¿Verifican su competencia ética y su sensibilidad a los seres humanos? ¿Conceden gran importancia al comportamiento ético? ¿Se aseguran que estén en sintonía con altos estándares éticos evitando actitudes antiéticas tales como la corrupción, sobornos, tráfico de influencias, fraudes, nepotismo, abuso de autoridad, que causan daño a los seres humanos?


El comportamiento ético conjuga valores intrínsecos y una práctica abierta de conciencia moral, misma, que debe transcender desde el interior de cada uno de los seres humanos, como un esfuerzo mismo de autoevaluación ética, vinculadas con los principios de integridad y justicia hacia el prójimo y la solidaridad mutua.


La Corrupción

La corrupción proviene del latín corruptio, formado de los vocablos con (junto) y rumpere (quebrar) y el sufijo –io (acción y efecto), es decir, la corrupción es el acto de romper el bienestar y desarrollo humano y que se manifiesta como un fenómeno en diversas formas a modo de: desvío de recursos públicos, tráfico de influencias, peculado, cohecho, soborno, enriquecimiento ilícito, entre otros. (Real, 2018)


En términos platónicos, la corrupción es la decadencia, pues, son los gobiernos corruptos, que usan el poder de manera egoísta en beneficio personal, versus un beneficio social y común; corrupción que aniquila la ética.


Brioschi (2019), examina la corrupción como un círculo vicioso de todos los tiempos y como una debilidad de los gobernantes y sistemas con predisposición a quebrantar los principios éticos y define “La corrupción es entendida como un generador de injusticia y desigualdad entre los ciudadanos y, por ende, de desconfianza: ante la falta de respuestas adecuadas de quienes tendrían la obligación de perseguir las prácticas corruptas y no lo hacen, se presume la corrupción del sistema” (p.2). En otras palabras, el autor explica que la corrupción es un acto delictivo cometido por funcionarios, políticos, gobernantes, empresarios, en sí, seres humanos que han encontrado en el abuso del poder, en la podredumbre de la corrupción su satisfacción; peste, que se señala desde antes de Cristo (Peterson W. H., 2018) y que en realidad, continua hasta las pendientes cuestiones morales de nuestros días, de forma omnipresente en la historia de la humanidad, en todas las épocas y partes del mundo.


En el análisis realizado por H. J. Haskell (1939), autor del “The New Deal in Old Rome” se examina la corrupción a través del ascenso y caída del Imperio Romano, “fue la corrupción moral y económica lo que hundió a Roma, mas no la fortaleza de los invasores germánicos”. Para el autor, la corrupción proviene de los gobiernos corruptos; gobiernos caracterizados por el deterioro de los derechos humanos, estallidos de inflación, estados totalitarios y daño a la moral.


La época actual, no ha dejado de ser víctima de la corrupción, actos que están en boga y desarman muchas sociedades -casos Penta, SQM, Corpesca, Odebrecht, OHL- (Miranda, 2017) por citar algunos.


El Banco Mundial, por ejemplo, define a la corrupción como prácticas que desmantelan el Estado y la diferencian entre: práctica corrupta y práctica fraudulenta, estas definiciones son en sí, la mala utilización del poder para un beneficio personal.


Práctica corrupta significa el ofrecimiento, suministro, aceptación o solicitud de cualquier cosa de valor con el fin de influir en la actuación de un funcionario público con respecto al proceso de selección o a la ejecución del contrato. Práctica fraudulenta significa una tergiversación de los hechos con el fin de influir en un proceso de selección o en la ejecución de un contrato en perjuicio del Prestatario; la expresión comprende las prácticas colusorias entre los consultores (con anterioridad o posterioridad a la presentación de las ofertas) con el fin de establecer precios a niveles artificiales y no competitivos y privar al Prestatario de las ventajas de la competencia libre y abierta. (Mundial, 1997)

La Convención de las Naciones Unidas, con la ratificación de 176 Estados, el 15 de julio de 2015 aprobó un instrumento internacional en la lucha contra la corrupción en todo el mundo; instrumento, que es de carácter amplio y que señala que la corrupción:


No solo pone en peligro la estabilidad y seguridad de las sociedades, las instituciones y los valores de la democracia, la ética y la justicia, el desarrollo sostenible y el estado de derecho, sino que constituye también un fenómeno transnacional que afecta a todas las sociedades y economías, lo que hace esencial la cooperación internacional para prevenirla y luchar contra ella. (Naciones Unidas, 2017)

La Comisión Europea, por su parte, en el tema 2: Ética, apertura y lucha contra la corrupción, señala que la corrupción es el uso indebido de un cargo o poder público para fines personales o ganancia privada. Entre las definiciones establece la corrupción legal, endémica y sistemática.


El concepto de corrupción legal es en el cual las leyes se elaboran de una manera que legitima el comportamiento poco ético. La corrupción endémica impone costos económicos, desalienta la empresa, inversión e innovación a través de su imprevisibilidad, distorsiona toma de decisiones y desvía fondos que los gobiernos no pueden permitirse perder. Sin embargo, para la Comisión Europea la corrupción sistemática representa algo fundamental:


La ausencia de un espíritu de servicio público, el desprecio de las reglas formales y la falta de identificar o tomar acciones correctivas, ya sea porque no se comprenden las causas, no se aparente, o hay una aceptación resignada de que la corrupción es integral e inevitable. (European Commision, 2017)

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos define a la corrupción:


Como un complejo fenómeno que afecta los derechos humanos en su integralidad -civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales-, así como al derecho al desarrollo; debilita la gobernabilidad y las instituciones democráticas, fomenta la impunidad, socava el Estado de Derecho y exacerba la desigualdad. (CIDH, 2019)}

La corrupción tanto desde un enfoque epistemológico, social y legal trasgrede las normas legales y los principios de ética, pues más allá de su etimología, la corrupción es una falta de conciencia moral, un poder ilegitimo que se lo usa de manera intencionada en beneficio personal o de las personas relacionadas, es un mal, que alcanza una magnitud que resquebraja el desarrollo de un país como fenómeno social, equiparándose a una enfermedad sistémica.


Sociedad ecuatoriana


Las sociedades con el transcurso del tiempo han ido cambiando, para algunos pensadores las sociedades han evolucionado, para otros, las sociedades solo se han adaptado a nuevas formas de “supervivencia”, no obstante, en esta adaptación se ha incrementado la preocupación por el aumento de corrupción, empujando a la misma sociedad a la búsqueda de una mirada diferente.


Desde esta mirada, la filosofía ha escalado buscando valores humanísticos y democráticos en reversa a los tiempos confusos que hoy vivimos (Vodafone, 2020), a los filósofos, les mueve la convicción de que todos los ciudadanos del mundo son merecedores de un Estado decente como derecho central, un Estado honesto y eficaz (Faber, 2016); pues es precisamente, en la sociedad que el ser humano se forja en sus relaciones con el Estado.


Cicerón al igual que Aristóteles conciben al ser humano como un producto de la naturaleza y de la sociedad, es decir, el ser humano se distingue de los animales por su racionalidad, que permite construir juicios para vivir en comunidad en virtud de un bien común (Cicerón, 1970). Vivir en sociedad implica normas de convivencia social (Carta Magna), estructura de organizaciones, leyes y principios (poder legítimo).


La institucionalidad pública, el Estado y la sociedad ecuatoriana se ha vista volcada de actos de corrupción, por citar algunos ejemplos, según varios medios: El País “Una oleada de casos de corrupción golpea Ecuador en medio de la pandemia” (España, 2020), El Universo “Corrupción en Ecuador: se han sustraído $ 2 millones de bonos de ayuda social, entre 2018 y 2020” (Universo, El Universo, 2020), CNN Latinoamérica “más de 50 investigaciones en Ecuador por casos de corrupción relacionados a la pandemia” (Ricón, 2020), actos, que demandan la urgente concientización de valores, el alejamiento del individualismo y el consumismo.


En este escenario, pareciera que las prácticas corruptas y demagógicas han envuelto a la sociedad ecuatoriana, pues, varios de los discursos políticos se han basado en estrategias de manipulación mediática (discursos de emoción, sin reflexión), es decir, “dar al pueblo pan y circo” como lo hacían los romanos, el conocido populismo; también analizado por Noam Chomsky, como una de las estrategias de manipulación masiva que existen en el mundo de hoy (Sánchez, 2028); manipulación, que mantienen distraída a la sociedad con temas banales y con el fin de tomar decisiones que usualmente no serían aceptadas.


En los escritos de filosofía política de Kant, estos políticos son los “políticos moralistas”, que consideran a la moral como mera retórica y carente de validez, son los representantes de acciones inmorales. Los discursos del moralista político son controladores de masas mediante un determinismo histórico, un interés personal y un perjuicio público, donde escavar en la conciencia moral y la ética se vuelve inexcusables por un hecho de esta realidad.


Nicolás Maquiavelo (Maquiavelo, 2017) en sus célebres discursos señala que los humanos son malos (injustos) cuando los tienta una incitante ocasión. No obstante, estos actos injustos/malos deben verse opacados por la virtud moral para enfrentar eficazmente los actos injustos, los actos de corrupción, pues se deben desenmascarar comportamientos de despotismo sobre el pueblo para construir una buena sociedad.


La sociedad ecuatoriana requiere de sus funcionarios públicos, privados, políticos, autoridades regirse por principios éticos, así como del rigor de las leyes en Ecuador, mismas, que son obligatorias para establecer un orden; orden, que significa aprender a relacionarse con una mirada de respeto, inclusión, solidaridad y empatía [10] al otro, es decir, que los individuos traten a su prójimo para desplegar sus capacidades intelectuales, cognitivos, de lenguaje, proceso de una identidad y resolución de conflictos.


El problema que enfrenta la sociedad ecuatoriana actual por parte de algunos políticos, funcionarios públicos, parecería ser la falta de autorreflexión, falta de auto corrección y el querer “justificar” supuestos casos de corrupción, todos estos, embriagados por el egoísmo y poder, mientras que los ciudadanos están abrumados por sus derechos. Algunos parecen estar encerrados en un plan hedónico para disfrutar, para repetir el mismo ciclo, pero sin reflexión, sin un examen de conciencia y sin la mirada al otro.


La educación es conocimiento y valores, por lo que, la sociedad ecuatoriana precisa de una educación en este sentido, que ofrezca soluciones prácticas para los desafíos que enfrentan el país y así, se beneficie a la sociedad. La educación moral fue planteada por Emelie Durkeim (1975) y que en la obra de Dewey (1916), plantea a la educación moral como un proceso de reforma de sociedad, es decir, una relación entre el crecimiento individualizado y la trasformación social. Dado, que la educación en ética es un proceso gradual, debería desarrollarse desde la niñez, entendiéndose, que la transición de valores tanto en el saber ser y saber hacer son condiciones necesarias para desentrañar la corrupción existente tanto en lo teórico como en la praxis.


Metodología


El objetivo de este artículo es el repensar la dimensión de la conciencia moral y la ética como una reflexión en contra de la corrupción existente. La conducta ética que por premisa debe observarse en los actos, decisiones y comportamientos de todas las sociedades, ha sido desvitalizada de su esencia. Por lo tanto, este artículo es de carácter documental, teórico, desde la perspectiva filosófica a través de la hermenéutica como método y técnica de interpretación, junto a la dialéctica. Repensar en la ética nos obliga a comprender la facticidad de los hechos actuales y los compromisos como sociedad ecuatoriana, sustentados en la necesidad de una sociedad afirmada en la praxis concreta de los valores. En primer lugar, se analizó el concepto de discapacidad, sus tipos y grados. En segundo lugar, se definió la conciencia moral y ética en su concepción epistemológica y filosófica. En tercer lugar, se consideró el concepto de corrupción como grave injerencia en la sociedad y desde la perspectiva de diferentes organismos internacionales. Finalmente, se abordó el fortalecimiento del Estado en la sociedad ecuatoriana desde una reconstrucción de valores.


Resultados y discusión


Establecer el sentido de la ética y de la conciencia moral han sido una de las preocupaciones de la filosofía, un indudable desafío intelectual y volitivo en el ser humano; significados, que no son atemporales y que por el contrario son una evidencia del impacto continuo en el transcurrir del mundo, su evolución y la convivencia social. La ética y la conciencia moral son conceptos que permiten la reflexión sobre lo bueno y lo malo y supone las normas sociales y los valores respectivamente en contra de la corrupción.

En la tabla 3 se detallan los autores en referencia a la ética y la moral, conceptos que tienen como punto de partida el presentarse como virtudes hacia la excelencia (areté) en busca del bien. Sócrates es considerado el fundador de la ética, dejando en Platón y Aristóteles, sus discípulos sucesivamente los fundamentos para el desarrollo de la ética. Platón fundamenta la ética en sus diálogos como la virtud y el hábito de obrar bien. Aristóteles distingue la virtud intelectual o dianoética y la virtud de la ética y la moral como la expresión de la excelencia humana. Immanuel Kant fundamenta la ética en el deber ser como un imperativo categórico que actúa sobre las personas. Para Schopenhauer la ética es el carácter intrínseco moral que de la voluntad es metafísica. Para Adela Cortina, la época actual es una muestra de la falta de ética y la necesidad de que el ser humano viva, actué y fomente valores como un sentido social y de responsabilidad, basados en principios de honestidad e integridad en contra de la corrupción. La Comisión Europea exhorta a que todos funcionarios públicos actúen con ética en sus funciones en contra de la corrupción que deja daños económicos, sociales y culturales.

La tabla 4 se centra en el significado de corrupción, mismo que se examina desde su grado y origen en el libro escrito por H. J. Haskell y publicado por Alfred A. Knopf en 1939. El libro presenta una discusión como la corrupción en Roma dejó consecuencias económicas y sociales, al no poder establecer estándares mínimos de honestidad, justicia e integridad. En una investigación más reciente como la Brioschi en 2019, también se examina la reseña histórica de la corrupción entendida como generador de injusticia y desconfianza. El Banco Mundial establece una diferenciación entre corrupción práctica y fraudulenta, que provocan en los gobiernos el uso indebido de los bienes y afectación a la población más vulnerable y pobre que sufre de manera desproporcionada. En la misma línea, la Convención de Naciones Unidas, considera que la corrupción amenaza la propia democracia, debida a la mala asignación de recursos, el falseamiento de los incentivos y otras ineficiencias que tienen su origen en la corrupción. La Comisión Europea, por su parte ve a la corrupción y el fraude como una grave amenaza para la seguridad y los intereses de la sociedad; en el capítulo de ética y apertura a lucha corrupción, considera a la corrupción en tres estados (legal, endémica y sistemática), mismas, que deslegitimizan el comportamiento ético, socavan y perjudica la sostenibilidad de los presupuestos públicos y reducen los fondos para la inversión, además, de agravar y alimentar las desigualdades sociales. La Red Anticorrupción Latinoamérica, en la III Conferencia Regional de la iniciativa Latinoamérica de Investigación en la lucha contra la corrupción, define a la corrupción como uno de los principales problemas en Latinoamérica, afectando a las instituciones públicas y privadas y por lógica consecuencia al inadecuado desarrollo de la sociedad, pues el alcance de la corrupción domina las esferas públicas, privadas y a la sociedad civil, por lo tanto es necesario un abordaje sistémico de este fenómeno. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CDHI), también cataloga a la corrupción como un fenómeno al que se debe enfrentarse, pues los costos y efectos van más allá de solo términos económicos, son daños sociales y culturales.


Conclusiones


De acuerdo al estudio realizado en este artículo, se determina que la corrupción lleva a las sociedades a la descomposición y el exterminio de valores, aniquilando completamente a la ética y representando solo el egoísmo exacerbado, abuso de poder, un costo grave para la economía mundial/ local, un desperdicio de recursos y desigualdad social que desconsoladamente se hace más profunda y visible.


Los supuestos actos de corrupción que atentaron a los derechos legítimos de las personas con discapacidad han flagelado al país; evidenciado posibles debilitamientos de los sistemas: político, económico, social y cultural; actos, que han degradado aún más el perfil y la confiabilidad en muchos políticos, funcionarios, etc. y han generalizado una normativa de antivalores, abandonando por mucho tiempo a numerosas personas con discapacidad al infortunio de su condición.


Recomendaciones


Es necesario luchar contra la corrupción en todas sus formas, si admitir impunidad. Enfrentar la corrupción significa transparentar las funciones judiciales, políticas, sociales, económicas etc., pues, el bajo nivel de transparencia en los trámites y la incapacidad de conciencia moral por parte de algunos funcionarios, requiere la participación de todos/as los ciudadanos/as y no solamente de los gobernantes, presentando por un lado las sanciones, las debidas excusas y la rendición de cuentas en una comunidad ética y con conciencia moral.


La conciencia moral y la ética, junto con la aplicación rigurosa de la ley debe ser la normativa en los políticos, servidores públicos y privados, dicho de otra manera, esbozar esfuerzos para evitar que la corrupción pueda arraigarse, que ocupe espacios de “poder” y que escape de la justicia. Siendo así, que el repensar conceptos sobre la conciencia moral y ética es la estimulación a un diálogo abierto de valores e interdisciplinar entre todos (autoridades, sociedad ecuatoriana), apoyados también en la educación ética como un aporte fundamental en la lucha contra la corrupción.


La sociedad ecuatoriana requiere avanzar en medida que se vaya más allá de lo retórico y se actúe con responsabilidad y transparencia radical, para lograr los cambios culturales necesarios que beneficien al ser humano.


[1] Cf., en Ricoeur, 2006, pág. 15. El mal compete, por el contrario, a una problemática de la libertad. Intrínsecamente. Por eso se puede ser responsable de él, asumirlo, confesarlo y combatirlo. [2] Concepciones del Buen Vivir y su correspondencia con el bien común de la humanidad. [3] Los ciudadanos invisibles, como han sido definidos en una conferencia europea las personas con discapacidades, necesitan convertirse en ciudadanos visibles”. (Universidad de Salamanca , 1999) [4] Real Academia Española la Lengua (RAE) [5] Ética a Nicómaco, V, 11, 1138 “que el recibir y el cometer injusticia son males ambos…, pero es todavía peor cometerla, porque el hacer injusticia va acompañado de la maldad más completa y absoluta o casi..., en cambio, el recibir injusticia ocurre sin maldad ni injusticia”. [6] Conjunto de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter o la identidad de una persona o una comunidad. Real Academia de la lengua, vigesimotercera edición. [7] Schopenhauer y Nietzsche, lo moral se somete a un valor, en tanto que lo inmoral y lo amoral son, respectivamente, lo que se opone a un valor y lo que es indiferente al valor, más el valor no desaparece. [8] Lucha contra las fuerzas de los apetitos y las pasiones, que son también, sin duda, interiores, pero se hallan vinculadas con la existencia exterior y la atracción de los bienes materiales y los goces sensibles. Sócrates habla en el Protágoras platónico, así como Demócrito en sus escritos. [9] “absolute Notwendigkeit” [10] Empatía. - preocupación por el otro. Ver la filosofía de Edith Stein


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Hidalgo, Karla (2021). Ecuador: desde la discapacidad hasta la incapacidad de conciencia. Revista Sociotramas 1(1). En: https://www.sociotramas.org/post/ecuador-desde-la-discapacidad-hasta-la-incapacidad-de-conciencia

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