Un colegio revolucionario que no ha podido sobrevivir a una revolución

Actualizado: 5 de oct de 2018



El Celestin Freinet de Guayaquil quizás es un colegio desconocido para la mayoría de los ecuatorianos, pero para aquellos que creen que la educación es un instrumento de liberación integral, este colegio ha sido emblemático por las siguientes razones:

Entregó a la ciudad de Guayaquil promociones de jóvenes preparados para enfrentar el futuro en forma “Franca, Intensa, y Gentil”, lema de esta sui generis institución. Para los chicos que pasaron por sus aulas el buen vivir fue una realidad que nadie decretó, pero que todos disfrutaron mientras leían, debatían, analizaban su entorno, se vinculaban al arte y se veían a sí mismos como seres esencialmente políticos.

Estudiar en el Freinet era una fiesta eterna, cada tarea era un aprendizaje en valores, de conocimiento, de habilidades, de destrezas. Para su rector, el aula era el espacio perfecto para forjar jóvenes ejemplares y… ¡vaya que lo conseguía!

Los muchachos Freinet son apenas un puñado, pero cuando alguno levanta su voz y hace lucir su pensamiento en cualquier foro, surge la pregunta ¿en qué colegio estudiaste? Y cuando responde “en el Freinet” el interlocutor asiente con un gesto que significa, -con razón, ¿de dónde más podía venir este chico?

Pero este colegio, como habrá otros de similar estilo, no respondió a las exigencias de la revolución educativa. No tenía laboratorios, aunque todo era sometido a experimentos; no tenían amplios auditorios pero todo se representaba; no tenía conserje, pero todo estaba siempre impecable; los muchachos no compraban libros, pero siempre estaban leyendo; no tenían canchas, pero hacían deporte todos los días; sus maestros no eran masters, pero cada uno era una verdadera eminencia.

Este colegio, hoy ya no puede educar en libertad porque de pronto la educación se volvió revolucionaria. Se regresó al texto único ¡cuánto lo odiaba el pedagogo Celestin Freinet! Se retomó la tarea para la casa, cuando todos saben que muy pocos cumplen con ella, se volvió a hablar de la lección, dicen promover el desarrollo de destrezas pero no han dejado tiempo ni para leer los contenidos.

Definitivamente para los pedagogos críticos esta revolución educativa es cuestionable, ha producido un terrible daño colateral paralizando un colegio en el que aprender con alegría siempre fue posible. Que un colegio como el Freinet de Guayaquil tenga que cerrarse porque no responde a los esquemas de un gobierno revolucionario, es una contradicción que revela verdades que no se dicen pero todos conocen.

Algún día retomaremos el sueño interrumpido, se reafirmará la idea de que una institución educativa no es solo un edificio ni una inmensa cancha, ni un modernísimo laboratorio, sino vida que se recrea permanentemente, juventud que aprende mientras enseña, juega mientras construye, y no renuncia a ninguna forma de libertad.

Dios nos de vida para verlo resurgir, no entre las cenizas, porque su fuego es eterno, sino entre la excesiva “documentación” que los tecnócratas confunden con proyectos educativos.

Clara Matamoros Samaniego de Ibarra. M.Sc.

Madre de familia y ex maestra del Colegio Freinet

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