Mi inicio en el estudio científico de la sociedad



Quito, 5 de enero de 2015


Querida amiga,


Con la esperanza que leas estas palabras, y con el deseo de hacerte comprender las razones por las cuales tuve que alejarme de aquel lugar que nos juntó hace ya cuatro años, me dirijo a ti por medio de esta carta que lleva mis más sinceros sentimientos de cariño y gratitud. Tal vez no comprendas todavía la causa de mi decisión de alejarme de las aulas, del papel de maestro y guía que pude, a tu lado, entender y desempeñar, y a pesar de que extrañe dicha tarea, por ahora es necesario continuar el camino que he escogido y caminar, con la nostalgia que me causa tal separación, nuevos senderos que me han sido extraños pero fascinantes al tiempo.


Me resulta curioso y muy difícil intentar contarte todo lo que ha pasado en estos tres meses, todo lo que he experimentado y todo lo que he podido comprender sobre la vida, pero quiero, sin miedo de resultar por momentos aburrido o incomprensible, compartir contigo esta aventura. Como sabes, siempre me ha apasionado todo lo referente a la sociedad, ese conjunto de relaciones que entablamos los seres humanos por motivaciones, fines e intereses diversos. Es por eso que opté por el estudio científico de la misma: no con el propósito de acumular conocimientos o de obtener reconocimiento en el entorno, sino de profundizar en las razones por las cuales esta es como es, en las causas por las cuales el periodo histórico que nos toca vivir se constituye como tal.


Y es así como, lleno de expectativas y miedos, emprendí el viaje a través del conocimiento, por medio de un proceso único y sumamente profundo de cuestionamiento, de choque, de fricción, de reflexión y de construcción intelectual y afectivo, que transformó mi forma de comprender el mundo; en otras palabras, me sirvió para colocar a mis ojos nuevos lentes con los cuales observar, indagar y comprender la realidad en la que vivo. Pero esto implicaba que la manera en que yo había aprendido a investigar, a comprender el estudio de la sociedad como ciencia, cambiara completamente dejando de lado la vía positivista, aquella que acepta como científico al conocimiento que ha sido comprobado únicamente a través de la experiencia, usando el conocido método inductivo, que postula el paso de “enunciados singulares, tales como descripciones de los resultados de observaciones o experimentos, a enunciados universales tales como hipótesis o teorías” (Popper, 1980, p. 27).


Lo que acabo de describirte es, a breves rasgos, el método científico, aquel que nos enseñan para “hacer ciencia”, que constituye el hecho de comprobar cosas que ya tienen sentido en sí mismos para acercarnos así al conocimiento de la verdad. También es una forma efectiva de acumular conocimientos para así ensanchar la literatura de la ciencia “normal” (Kuhn, 1971, p. 55) que aprendemos en las escuelas, colegios y universidades. Pero te puedo asegurar amiga, que la ciencia es mucho más que eso, es mucho más que adiestrarnos para ejecutar procesos conducidos, con un gran nivel de experticia, que desembocan en resultados iguales por las mismas o diversas vías (p. 71). Por tanto, eso que llamamos ciencia está constituida por “episodios de desarrollo no acumulativo en que un antiguo paradigma es reemplazado, completamente o en parte, por otro nuevo e incompatible” (p. 149), de donde un paradigmaes un conjunto de “realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica” (p. 12).


¿Recuerdas que durante el tiempo que compartimos juntos hablábamos mucho sobre política? Pues, únicamente por hacer una analogía, en la ciencia sucede igual que en la política: cuando un modelo de gestión ya no satisface, por medio de sus instituciones creadas para dar respuestas eficaces, las necesidades concretas de una sociedad, surge, como evidencia de una insuficiencia no contemplada, un momento de crisis, mismo que se convierte en un “requisito previo para la revolución [científica]” (p. 150). Sin duda, el tomar conciencia de esta situación ha provocado en mí el deseo incontenible de conocer más acerca del progreso de la ciencia y llegar a la convicción, gracias al estudio de un gran autor como Gastón Bachelard, en su libro La formación del espíritu científico (2000), que “hay que plantear el problema del conocimiento en términos de obstáculos”, ya que considero, uniéndome al pensar de este autor, que “todo conocimiento [científico] es una respuesta a una pregunta” (p. 16). Estos obstáculos no aparecen por fuera de los problemas planteados, más bien “es en el acto de conocer, íntimamente, donde aparecen, por una especie de necesidad funcional, los entorpecimientos y las confusiones” (p. 15), a lo que se denomina obstáculos epistemológicos.


La palabra “epistemológicos” te parecerá un poco extraña y tal vez difícil de comprender. No obstante, es significativo que haya aparecido aquí, ya que el propósito principal que me planteé para escribirte esta carta es hacerte comprender la importancia que tiene, para el desarrollo y progreso de la ciencia, especialmente las Ciencias Sociales, la palabra de la cual se deriva ésta. Espero que no tomes esto como una clase o como algo que, con mis impulsos pedagógicos, deseo hacer que aprendas. Tómalo como un algo que estoy deseoso de compartir contigo, y que sé te ayudará a pensar mejor la realidad y contribuir desde tu situación al progreso de la sociedad. Esa palabra es Epistemología, que es, por hacerlo más fácil de comprender para ti, una rama de la filosofía que estudia y analiza los fundamentos, los principios y métodos que la ciencia utiliza para establecerse como tal. Una vez claro esto, ¡continuamos!


Al asumir que todo el conocimiento científico es la respuesta a una pregunta que ha superado los obstáculos epistemológicos, es necesario ser también conscientes de aquéllos. Estas especies de “necesidades funcionales” son por ejemplo: la experiencia básica, que no puede ser un apoyo seguro porque la ciencia tiene que formase en contra de la naturaleza, reformándose constantemente, ante lo cual la crítica es un requisito necesario (p. 27); de igual manera, el conocimiento general se presenta como un obstáculo porque no es adecuado para la ciencia “conocer el fenómeno general, prevalerse de ello para comprender todo” (p. 66); así mismo el obstáculo verbal tiene que ser superado para lograr la precisión conceptual y teórica requerida en la enunciación tanto de problemas como de métodos a emplear (p. 87); y otros más que, por evitar que te canse esta lectura, los omitiré diciendo finalmente que dichos obstáculos epistemológicos, a pesar de su presencia funcional, son superados logrando así establecer nuevos conocimientos, por medio de discontinuidades para evitar el “estancamiento y retroceso” en la ciencia (p. 15).


Podrás notar que las discontinuidades que se producen en las ciencias tienen mucha relación con lo que había mencionado antes, sobre los paradigmas o momentos de crisis que se dan tanto a nivel político como científico. Estas discontinuidades marcan rupturas epistemológicas, que establecen momentos de “no retorno” en el campo en que surjan, y que marcan un punto en el cual se pude distinguir históricamente un antes y un después en el “orden del saber” (Balibar, 1995, p. 74). Es aquí cuando sucede lo que te mencioné antes sobre revolución científica: un acontecimiento en el que es imposible volver a lo anterior, a aquello que caducó y que no pudo brindar respuestas adecuadas a necesidades palpables (en lo político) o a problemas planteados teóricamente (en la ciencia).


Pero la cuestión no queda ahí, afectando únicamente a la ciencia. Cuando hice la analogía con la política, quería adelantar un aspecto fundamental sobre la importancia que tiene la ciencia a nivel político y social. De ahí que aquellas rupturas epistemológicas “representan un tipo de discontinuidad que caracteriza la historia de las ciencias y que produce que las ciencias ‘comiencen’ de un modo diferente (…)” (p. 75) lo que inevitablemente produce una reestructuración en la ciencia, cuyos impactos, a nivel social, darán paso a la evolución de la sociedad en su conjunto.


Tal vez para ti, como para mí al principio, te parezca que la ciencia es algo que permanece lejano, en manos de unos pocos quienes desde sus laboratorios tratan de dar explicaciones confusas sobre lo que sucede en el mundo, en el campo de las conocidas ciencias naturales como la física, la química, la biología, etc.; pero la ciencia es ante todo social, por más que se centre en estudios de la naturaleza, se desarrolla en un contexto determinado, bajos condiciones políticas, sociales, económicas y culturales determinadas que caracterizan a los diferentes momentos históricos. Es por eso que también corre el riesgo de establecerse en manos de los grandes capitales que dominan el mundo y la transformen en un arma a su favor. Pero, por lo que a mí concierne, sé que desde el estudio de las Ciencias Sociales puedo y podemos aportar discontinuidades (Bachelard), puntos de no retorno (Balibar), cambios de paradigmas y revoluciones (Kuhn) que modifiquen significativamente la evolución del mundo.


Amiga, hasta aquí te he compartido en general qué es la ciencia y la forma en que se constituye como tal. Espero que no te hayas confundido con todo lo que he escrito, pero justamente eso es lo que me apasiona, lo que me compromete a estudiar y a sumergirme en el mundo de la ciencia: es por eso que te lo comparto. Entonces, ¿comprendes ya la importancia de la epistemología en el estudio y desarrollo de la ciencia, especialmente en las Ciencias Sociales? Pues, si no logras todavía captar bien dicha importancia, déjame que profundice un poco más en el campo de la Sociología, entendiéndola como aquella ciencia que se fundamenta en la crítica de la naturaleza de las relaciones sociales, en la interacción entre individuos, bajo condiciones específicas que configuran un momento histórico particular. Y, con certeza, te puedo anticipar que vas a sorprenderte mucho al conocer las vías que producimos socialmente para interrelacionarnos.


Es preciso continuar adentrándonos en la crítica que constituye un “requisito previo” para la ciencia, por tanto, quiero ahora hablarte un poco sobre el surgimiento y desarrollo de un conjunto de enunciados que transformaron la forma de comprender la ciencia, en especial, las Ciencias Sociales. Se trata de la Teoría Crítica (Horkheimmer, 1974): un aporte significativo de Max Horkheimmer, el cual analiza las diferencias entre una teoría tradicional y la nueva Teoría Crítica.Durante mucho tiempo, desde su aparecimiento, nos dice que las Ciencias Sociales “se esfuerzan por imitar el exitoso modelo de las ciencias naturales” (p. 225), debido a que se entendía al estudio de la sociedad como “conjunto de proposiciones acerca de un objeto” (p. 223), limitando y encasillando a la sociedad como un objeto natural, con características similares y permanentes, sobre las cuales se podría elaborar teorías que constituían acumulaciones de saberes utilizables y precisos.


Max Horkheimer es uno de los fundadores de la escuela de Frankfurt, que profundizó esta teoría y la desarrolló en diferentes aspectos de las Ciencias Sociales. Entonces, las Ciencias Sociales no pueden ser tratadas y estudiadas de la misma manera que las Ciencias Naturales, ya que las dos poseen características propias que, aunque afectadas ambas siempre por el entorno socio-político-económico, necesitan definir sus propios conceptos, enunciados y métodos de investigación, que brinden resultados acordes con las preguntas establecidas.


Así, te comparto, uniéndome al pensar de Horkheimer, que “el científico y su ciencia están sujetos al aparato social; sus logros son un momento de la auto-conservación, de la constante reproducción de lo establecido, sea lo que fuere lo que cada uno entienda por ello” (p. 230). Por tanto, el estudio de las Ciencias Sociales constituye un complejo trabajo, con sus procesos y métodos particulares que se definen teóricamente para investigaciones determinadas. Espero que esto te suene muy interesante y que entiendas porqué me siento tan emocionado de estudiar científicamente la sociedad.

Por otro lado, la Teoría Crítica considera que la ciencia está subordinada a la praxis social, en la que tanto sujeto y objeto se encuentran supeditados a una interacción social; es decir, que los dos se producen socialmente. Por praxis socialentendemos el conjunto de prácticas que realizamos los individuos en el contexto en que nos desenvolvemos, de donde los sujetos constituyen los seres humanos capaces de relacionarnos y el objeto es aquella relación establecida entre los individuos. Y es en esa relación en la que intervienen los estudios sociológicos que esclarecen el tipo de relaciones que pueden generarse (p. 233).


En consecuencia, la ciencia, al estar inserta históricamente en constante transformación, no se reduce a la acumulación de saberes, sino por el contrario, constituye la construcción de hechos y acontecimientos que conforman la historia (p. 234). Se produce así una dialéctica entre el sujeto y el objeto de estudio, que se encuentran condicionados por la realidad histórica. Para la Teoría Crítica, al igual que para la teoría tradicional, los hechos son algo externo; pero la diferencia de su enfoque es que estos hechos son producto de los seres humanos, sujetos a una praxis social que los afecta en todos sus comportamientos.


Amiga, la Teoría Crítica contiene un carácter político heredado del marxismo en oposición a la dominación (en este caso intelectual o de pensamiento) (p. 250), que pretende una lucha teórica con lo “ya establecido” por el desarrollo de la ciencia desde la teoría tradicional. Nuestro autor considera importante que la sociedad, en su conjunto, tiene que configurar a la ciencia como un instrumento de liberación con el cual pueda “constituirse, primero, como sujeto consciente, y determinar de manera activa sus propias formas de vida” (p. 262). Entendiendo así a la ciencia, se supera la racionalidad instrumental en la que se encuentra, misma que no le permite al individuo analizar claramente las relaciones de clases, sus formas de interacción, y que están frustrando su capacidad de convertirse en agente de “transformación histórica” (p. 241).


No puedo ocultar mi emoción al poder compartir contigo estos temas que me apasionan tanto. Una vez más, espero no estar aburriéndote con tanta explicación o conceptualización, pero es necesario para que me entiendas mejor. Quiero ahora enfocarme en un tema específico y que es, desde mi punto de vista, uno de los más importantes que han surgido en los estudios de las ciencias sociales. Es uno de los tópicos desde los cuales se ha podido analizar y comprender la substancia de las relaciones sociales: el poder. Me voy a referir ahora a un autor fascinante, Michel Foucault, que centra su análisis en las formas históricas no oficiales, ocultas, aquellos conocimientos que denomina “saberes sometidos” (Foucault, 2014, p. 21) y que no han sido tomados en cuenta en la estructuración de las ciencias. Esto permite hacer un énfasis de atención justamente en aquello que nadie antes pudo pensar, en aquello que no tuvo relevancia científica pero que, al retomarlo, encamina al investigador a provocar “retornos de saber” (p. 20); en otras palabras, discontinuidades,revoluciones, etc.


Entonces, querida amiga, las Ciencias Sociales, aquel estudio de las relaciones que se estructuran y se desarrollan entre sujetos por las condiciones específicas de momentos históricos particulares, pueden analizarse desde el poder. Este poder es capaz de generar conceptos y, por medio de ellos, discursos, los cuales son el reflejo de los saberes propios de una época específica, que configuran a dicha sociedad en un espacio y tiempo determinados, y con ella las mismas interacciones de los sujetos. Los discursos son el reflejo de una época en los cuales se establecen las funciones que cumplen sujetos en el medio social, de acuerdo con su posición de poder. Como te decía antes, el estudio y análisis de estos “saberes sometidos”, plasmados en un conjunto de discursos, permite hacer un acoplamiento entre estos saberes sometidos y las memorias de las personas, que son locales, y que “permite la constitución de un saber histórico de las luchas y la utilización de ese saber” (p. 22). Y a este método de estudio Foucault lo denomina Genealogía.


Amiga, la genealogía propuesta por Foucault como método de estudio de la Historia, a partir de los “saberes sometidos” y memorias de las personas que no lograron superar los “cánones científicos” y por eso han sido excluidos, se enfoca en el análisis de documentos que son instrumentos en los que están plasmados los discursos y que tienen como objetivo “reconstruir, a partir de lo que dicen, el pasado del que emanan y que ahora ha quedado desvanecido muy detrás de ellos” (p. 16). ¿Puedes comprender la genialidad epistemológica de este método? Así, siendo un método, una “táctica” de investigación, se irrumpe en la historia provocando una revuelta, una discontinuidad de la que no solo obtenemos cambios en la ciencia, sino también y en conjunto, cambios significativos en la sociedad, en la forma de estructurar las relaciones definidas por el poder. Quiero poner un ejemplo únicamente para que puedas entender de mejor manera.


Foucault señala, en su obra Las palabras y las cosas (2008), que su investigación muestra dos grandes discontinuidades en la episteme (discurso característico de un modo de pensar o de hacer conocimiento de un tiempo determinado) de la cultura occidental: (1) aquella con la que se inició la época clásica y (2) la otra que, a principios del siglo XIX, señaló el “umbral de la modernidad” (p. 15). Esto quiere decir que, por más lógico que parezca, existen órdenes específicos en cada época de la humanidad en las que se establecen ciertos conceptos, categorías, modos, formas, vías, etc., de las que dependen las relaciones de las personas y los modos de proceder. En cada una de estas épocas, la episteme define todo lo que he mencionado antes: ¡eh ahí la influencia y la capacidad que tiene el poder para configurar y estructurar las relaciones entre sujetos! Lo único que me queda por decir ahora, es que al estar insertos en este momento histórico que nos toca vivir, lo más adecuado, si queremos aportar significativamente al mundo, es involucrarnos en tareas tales como la que acabo de describirte y que tratan de acercarnos más a la realidad de lo que somos como humanidad.


Con el anhelo de que haya causado en ti el entusiasmo y la pasión con la que traté de relatarte todo esto, amiga, quiero ahora finalizar mi carta con el compromiso de hacer, a partir de ahora, un acercamiento contigo, con lo que sueñas, con lo que pretendes para esta vida. Tal vez y se parezcan nuestros sueños, tal vez podemos ayudarnos desde nuestras realidades a comprender mejor la vida y a mantener nuestra cercanía como lo era hasta hace poco. Me despido de ti. Te recuerdo con cariño y solamente me atrevo a decir que continúo pensándote.


Con afecto, tu amigo[1], Luis Paúl Mantilla Chamorro.

[1] Carta dirigida a las estudiantes de la Unidad Educativa María Auxiliadora, Quito-Ecuador


Referencias

Popper, K. (1980). La lógica de la investigación científica. Madrid, España: Tecnos, S.A.

Kuhn, T. (1971). La estructura de las revoluciones científicas. Mexico, Mexico: Fondo de Cultura Económica.

Bahelard, G. (2000). La formación del espíritu científico (23ª edición ed.). Mexico, Mexico: Siglo XXI.

Balibar, E. (1995). Nombres y lugares de la verdad. Buenos Aires, Argentina : Ediciones Nueva Visión .

Horkheimmer, M. (1974). Teoría Crítica. Buenos Aires: Amorrortu.

Foucault, M. (2014). Defender la sociedad. Buenos Aires : Fondo de Cultura Económica.

Foucault, M. (2010). La arqueología del saber . Mexico: Siglo XXI.

Foucault, M. (2008). Las palabras y las cosas. Buenos Aires : Siglo XXI.

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