Educación: la nueva biopolítica ecuatoriana.

Actualizado: 5 de oct de 2018



“Nuestra sociedad no es la del espectáculo,

sino la de la vigilancia”

(Foucault, 2009:250).

La última gran noticia de la “transformación educativa” en el Ecuador es la colocación de cámaras de vigilancia en los alrededores de los principales colegios del país –entiéndase los más conflictivos-, con el fin de controlar el micro tráfico de drogas y por supuesto, directa o indirectamente, a los estudiantes de dichas instituciones escolares. Muchos estudios han demostrado lo contraproducente que puede resultar el excesivo control escolar que, paradógicamente genera más transgresiones y rebeldías, y ya algunos comentaban con cierta ironía cuáles eran los nuevos lugares de encuentro fuera de cámaras.

Muchas y muchos educadores críticos se han manifestado en contra de este tipo de medidas y algunos, seguramente conmigo, se agarran la cabeza al no entender cómo los altos funcionarios del Ministerio de Educación no han leído mínimamente “Vigilar y Castigar” de Michel Foucault. No cabe duda que la medida es el signo claro de las nuevas formas que asume la biopolítica en este mundo tecnológico, junto a los nuevos panopticos que colocan al observante no observado detrás de pantallas de televisión, listos para ejercer el poder y castigar a aquellos que transgredan el orden existente.

Tal como lo expresaba Foucault, la nuestra es una sociedad de la vigilancia en la que el poder produce a los sujetos. Aparece la pregunta ¿Cómo produce el poder? Foucault dirá que por medio de tecnologías. Es decir, procedimientos que han sido inventados y perfeccionados en el tiempo. De hecho, “el poder existe solamente cuando es puesto en acción, incluso si él está integrado a un campo disperso de posibilidades relacionadas a estructuras permanentes” (Foucault, 2001:15). Un claro ejemplo de esto es la concepción de las disciplinas que, siendo una categoría referente a la división de las ciencias, es utilizada para expresar esta dinámica de relaciones de poder. En esto el ejército y los colegios pueden ser un referente dado que las tecnologías de poder utilizadas en los mismos establecen una forma visible de control. Ejemplo significativo además considerando que las cámaras de vigilancia de los colegios son “tecnologías” en el más amplio sentido del término.

Estas tecnologías del poder son necesarias para lo que Foucault denomina biopoder, entendido este como “un tipo de implantación de los cuerpos en el espacio, de distribución de los individuos unos en relación con los otros, de organización jerárquica, de disposición de los centros y de los canales de poder, de definición de sus instrumentos, y de sus modos de intervención, que se puede utilizar en los hospitales, los talleres, las escuelas, las prisiones” (Foucault, 2009:238), es decir como una forma de control del cuerpo del otro y de la vida en su totalidad.

Al comparar las escuelas con los manicomios y las prisiones, Foucault resaltará la estructura de panóptico que las mismas poseen, es decir la forma en la cual el vigilante se ubica en un lugar estratégico para tener el más amplio nivel de visibilidad respecto de aquellos a los que quiere vigilar. ¿Acaso esto no nos recuerda a la oficina del Inspector? Por supuesto que sí, también a los grandes muros que se levantan alrededor del conjunto de aulas. El nuevo panóptico solo necesita de cámaras estratégicamente colocadas, el sueño de todo controlador, de todo aquel que considera que la única forma de mantener la “disciplina” en una institución es el control, la vigilancia y el castigo. ¿Cuántas veces no hemos escuchado aquello de que “la disciplina es necesaria”?.

Foucault no se equivocó de ninguna manera. El poder produce, sin duda. El poder es afín al sistema y a las estructuras. Cuando le preguntaron sobre el tema en una conferencia, a propósito de las prisiones, expresó “cuantos más delincuentes haya, más crímenes habrá, cuantos más crímenes, más miedo habrá en la población, y cuanto más miedo haya, más aceptable, e incluso deseable, será el sistema de control policial” (Foucault, 1981:248). “Todas y todos con la transformación educativa”.

BIBLIOGRAFÍA

Foucault, M. (1981). Las mallas del poder. Barcelona: Paidos.

Foucault, M.. (2009). Vigilar y Castigar. México: Siglo XXI.

Foucault, M. (2001) El sujeto y el poder. En Dreyfus y Rabinow. Michel Foucault: más allá del estructuralismo y la hermenéutica, Ediciones Nueva Visión.

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